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Juancho y la Academia

El tipo sabe de literatura hispanoamericana un montón. Ha leído a casi todos, les faltan algunos, y encima se te pone gallo cuando habla de lo que sabe y también le he visto callarse cuando no sabe mucho.


Pedro Crenes Castro (Especial) / Especial

No han sido pocos los correos y mensajes por las redes sociales que he recibido preguntándome sobre la reciente admisión del escritor español J.J Armas Marcelo como “miembro académico correspondiente” de la Academia Panameña de la Lengua, distinción que se concede a no nacionales “para distinguir a personas reputadas por sus investigaciones, estudios y publicaciones sobre las materias a que atiende la Academia”, en este caso, la panameña. Cito los estatutos de la Real Academia Española de la Lengua por los cuales se rigen el resto de Academias. Digo esto porque muchos medios españoles están afirmando que es “miembro” (a secas) de la docta casa panameña y no es así. Más rigor, más contrastar.

Los mensajes me llegan con muchos signos de interrogación. Muchos molestos, otros indignados pero todos ellos preocupados por el asunto y preguntándome por los méritos del novelista canario.

J.J Armas Marcelo no necesita defensa, él solito se basta y se sobra pero me preguntan a mí, que he reconocido tratarle con frecuencia lunática en el Gijón, con el que he coincidido en muchas presentaciones de amigos comunes y las suyas y me ha brindado en alguna ocasión parte de su tiempo. Aun así, cedo a la tentación de hablar de esta situación de alarma para muchos.

He leído casi todo lo que Juancho ha escrito. Me falta un poemario y unos textos publicados en Canarias. Todo se andará. Las novelas, todas ellas, tienen un fondo técnico excelente. Unas más tediosas que otras, como las de todos, unos temas más cercanos que otros, como los todos, pero todas sus obras son de altura. La última “La noche que Bolívar traicionó a Miranda” no la he leído pero ya está por llegarme.

Su ensayo biográfico sobre Vargas Llosa es excelente. Nada hagiográfico a pesar de su estrecha amistad. Algunos dicen que se le nota tendencioso pero los amigos son así. Vargas Llosa tampoco necesita defensa. Recuerdo que hace años compré varios ejemplares de esa obra, la última edición de Alfaguara (la anterior se la presté yo para siempre porque no la tenía), y los regalé en Panamá entre mis amigos junto con la edición de bolsillo de “Las naves quemadas” de la editorial Espasa. Léanlo, les dije.

Si vende mucho o poco, eso es otro tema. Allí está la obra.

Luego está su largo recorrido periodístico en radio, prensa y televisión donde le conocí, a través del programa “Los libros”. Por allí pasaba todo bicho literario viviente de acá y de allá con una grandísima altura, y a veces hartura, durante las entrevistas y hasta una sección de literatura infantil y juvenil había. Un programa completo. Ha bailado con todas, y hasta con la más fea, durante muchos años y ha seguido, lo que no es ningún mérito, total, nadie se arruga a cada crítica que recibe. Allí están las hemerotecas.

Luego resulta que el tipo sabe de literatura hispanoamericana un montón. Ha leído a casi todos, les faltan algunos, como a todos, y encima se te pone gallo cuando habla de lo que sabe y también le he visto callarse cuando no sabe mucho de alguna cosa. Le he visto preguntar por aquel o el de allá y luego duro en la conversa. Se las sabe todas y quiere saber más. Allí están los autores de acá y de allá.

Ahora la Academia. Los méritos allí están. Para algunos, pocos, para otros, suficientes. ¿Qué tendrá este tipo para que la Academia Panameña “por unanimidad” le haya concedido esta distinción? ¿Su posición, su influencia, sus nuevos amigos panameños, lo que estos pretenden de él? Allí están los méritos. Me gustaría ver el de algunos de nuestros Académicos. Pero ellos han decidido. No es el invitado el culpable de lo que le invitan. Se ha juntado un nutrido grupo de intelectuales panameños y han dicho a una que sí: el nuevo “académico correspondiente” ha sido nombrado.

Lo dije en un artículo sobre él: si algo tienen que decirle, vayan a la Feria, búsquenlo y se lo dicen. Eso es lo que hay que hacer con los adversarios intelectuales. Lo demás es pura paja. Estarse en una esquina del ciberespacio sin enfrentar las cosas es muy poco intelectual o como quieran llamarlo.

Por otro lado, y ya me he salido del espacio requerido, personalmente aprecio a este tipo. No le debo nada, nada le he pedido, me ha dado su tiempo y su complicidad durante un tiempo. Nos vemos, charlamos y hasta hoy he cumplido lo que le dije la primera vez que almorzamos juntos: “tú que ganas con esto”, me preguntó en 2001 cuando le quise invitar a la Feria del Libro, “nada, la amistad, hablar de libros, un rato como este. No voy a ir detrás de ti para que me leas una novela, o me ayudes a publicar”, le dije algo así y hasta la fecha.

En 2001 me dijo que Panamá no existía como literatura, porque no sabía, y ahora sabe y ya le han metido en la Academia. La vida, lo que nos cambia y hasta dónde nos trae. Sin servilismos, ni deudas que pagar, me alegro por Juancho, que ha echado una mirada hacia el Panamá de abajo en el último artículo de su blog. Todo lo demás, los aspavientos y los interrogantes a la Academia. Los demás, a celebrar lo de Juancho.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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