Los panameños estamos cambiando. Sin darnos cuenta, hemos ido variando el carácter jovial que históricamente nos permitió sobrellevar situaciones adversas para hacerle venia a la intolerancia, la agresividad y al irrespeto colectivo.
Como resultado de este trastorno social, para muchos se ha vuelto común saldar las diferencias accionando agresivamente.
Ejemplos sobran. Un pelotero hastiado de ser acosado por los fanáticos decide desquitarse lanzando un proyectil a las graderías; unos manifestantes se empeñan en derribar la puerta de la Asamblea Nacional para llamar la atención; conductores que prefieren atravesarse en una intersección para impedir el paso, o el político que apela a la gesticulación procaz y las palabras altisonantes para que su punto de vista prevalezca.
La intolerancia ya no hace diferencia de clase social, posición política ni de formación académica. Estamos sumidos en el irrespeto colectivo, en la imposición de los pocos sobre el querer de la mayoría.
Todos nos llenamos la boca de que defendemos la libertad, que nos interesa la democracia y necesitamos de la participación, pero no para el bien general, sino para proteger nuestros intereses sin importar a qué precio y sin calcular las consecuencias.
Lo peligroso de todo es que los espectadores de este teatro de bochorno son, en su mayoría, niños y jóvenes a quienes se les está acostumbrando a ver que los problemas se solucionan gritando, cerrando calles, faltándole el respeto a la autoridad y con el chantaje descarado.
La realidad nos golpea a la cara diciendo que el crecimiento material se transforma en quimera si no va acompañado de una conducta ciudadana que esté moldeada por la tolerancia, el respeto y la debida atención a las normas legales y de urbanidad que deben guiar nuestros pasos.
Es hora de que hagamos una pausa, pensemos en función del país y no demos al traste con el progreso que estamos viviendo. Las futuras generaciones no se merecen que les dejemos como legado una nación resquebrajada por posiciones egoístas y sectarias de uno y otro lado.