A media mañana de ayer, la gerencia del hipódromo emitió un aviso, a través del cual anunció la decisión de cancelar las programaciones hípicas que estaban previstas realizarse mañana sábado y el domingo. La decisión no pudo haber sido mejor.
Ante las condiciones imperantes y las implicaciones que representaba realizar las reuniones en cuestión, el sentido común indicaba que era mejor perder estos días en procura de que para la semana entrante, producto del reposo y los tratamientos pertinentes, un porcentaje significativo de la población caballar se encuentre en mejores condiciones, para contribuir a confeccionar la programación que tendrá como eje la Serie Hípica del Caribe.
Pero lo más importante y, como bien lo dice el comunicado oficial, la cancelación se da “por el bienestar y la transparencia del espectáculo hípico”.
No se podía correr el riesgo de que sucediera lo mismo de la semana anterior, cuando varios caballos compitieron en condiciones atléticas y de salud por debajo de lo normal y otro tanto tuvo que ser retirado. de la competencias.
Hemos dicho que no es necesario reprochar a nadie lo que está sucediendo, y que es lamentable que este brote de influenza apareciera cuando entrábamos al mejor mes del año y previo a la celebración de la Serie del Caribe. Nadie hubiera querido que esta calamidad se nos presentara tan inoportunamente, pero es algo con lo cual tenemos que lidiar.
La ocasión es oportuna para que tanto los entrenadores como los médicos que integran la fiscalización veterinaria realicen un trabajo de control y seguimiento a todos los caballos y que para la próxima semana, cuando esperamos que sí haya carreras, sean presentados en el Programa Oficial solo aquellos ejemplares que estén en condiciones de responder a los requerimientos del espectáculo y a las expectativas de los hípicos.