El hombre desde siempre ha cuestionado el tiempo, ya sea por su "ingenua" y a la vez malévola sucesión; ya por sus efectos sobre estos cuerpos frágiles, tan frágiles en el que cada segundo encierra la amenaza del final.
La voz lírica del poemario 'Música sabida' del escritor Benjamín Ramón nos secretea y grita, a la vez, sobre ese tiempo. El dato temporal que guarda la música no es un desconocimiento, pero para llegar allí debemos reflexionar sobre ese detalle, en virtud de esto salta un compromiso con nuestro momento vital envuelto en rumores, en canciones y en estridentes golpes de dolor forjados al compás dulce e infame de una música sabida.
¿Acaso un tiempo que como especie sabemos? ¿Acaso un tiempo que aunque en cada individuo se repite es novedoso e intenso en cada duplicación? La música sabida es el ritmo interno, íntimo, de la voz lírica que interpreta Benjamín Ramón.
Los primeros versos parten con una interrogación y una dislocación temporal entre el hoy, el ayer y el ahora y el tiempo verdaderamente real, el siempre, el perenne, el que acaricia y golpea y golpea; pero que anhelamos que se renueve "a la misma hora, por qué no".
Y es que el devenir de la especie no basta para cubrir mi tiempo como individuo, porque es un deber y un placer experimentar mi propio cronómetro vital que en infinitos puntos se cruza con otros seres, pero que se vuelve único en mi percepción. En ese entrelazarse y encontrarse con otros, experimentamos uno de los tantos lugares comunes: el tiempo triste y sublime de la patria, ese que va dejando huellas en una región del alma forjadora de nostalgias; ese que al devolvernos el pasado nos hermana, nos identifica con un proyecto común y obliga a decir que "desde el veinte/ todos nos duele", y afirmamos esto y sabemos que nos duele todo el calendario y todos los meses y todos los años de esta historia nacional que nos sacude y nos vincula.
'Música sabida' es una propuesta lírica con sentido de patria. En ella se recorre desde esa patria inmediata que nos grita a través de sus edificios y sus calles, hasta aquella que nace con nombre de héroe: Victoriano Lorenzo, o con nombre de poeta: Rogelio Sinán, para, sugerir, entonces, que el terruño es plenitud, es diversidad, es lucha y cultura.