Hasta hace poco para mí el surf, más que un deporte era un "hobbie". Sin embargo, en estos tres días que tuve la oportunidad cubrir este evento mi percepción cambió radicalmente. El surf, en definitiva, no se practica con un balón, pero los que cuentan la historia del océano a través de sus olas sienten igual o más pasión que cualquier futbolista cuando mete un gol.
Este fin de semana mis sentidos se ampliaron, ya que pude descubrir un mundo antes desconocido para mí: la comunidad del surf. Ver de cerca trabajar a Tuti De León y a Patrick Castagnet, los organizadores, para que todo estuviera a la altura de las circunstancias y ver la sonrisa de los surfistas cuando salían de la playa después de haber conquistado alguna ola, me hace sonreír porque eso quiere decir que Panamá está para hacer cosas grandes.
Ya es hora de que no subestimemos este deporte y pensemos como dice el refrán: "afuera de la caja". Recién llegué a Soná no sabía qué esperar. Nunca antes había cubierto una competencia de surf. Solo sabía que hombres y mujeres aguerridos se tiraban al agua con una tabla y en muchas ocasiones ponían en riesgo su vida.
Pero para mi sorpresa el surf va más allá de domar una ola, y eso lo descubrí en este fin de semana. Es un estilo de vida, es un deporte extremo y es un movimiento social.