Uruguay es el equipo de moda en la Copa América. En el campo y en la calle. España se ganó al público y al mundo entero en el Mundial 2010 por la cercanía de sus jugadores. Y en ese línea se encuentra Uruguay.
Sus futbolistas son inteligentes. Siempre esbozando una sonrisa. Siempre atentos firmando autógrafos a los aficionados cuando salen del hotel. No queda nadie defraudado. Con orden y profesionalidad, Uruguay es el modelo a imitar por el resto de selecciones del torneo.
La comunicación es una de las herramientas más importantes que dispone una empresa. Y Uruguay es un ejemplo de apertura. Sus jugadores, además, son interesantes. Cuentan historias. Fernando Muslera es su portero. Juega en Lazio. Acaba de irse traspasado al Fenerbahce, el club donde juega su capitán de selección, Diego Lugano.
Muslera es un tipo feliz. Es el mejor portero de la Copa América. Y por los pasillos del hotel y las zonas mixtas es generoso con todo el mundo. Su gran ídolo fue Óscar Córdoba, el arquero colombiano ya retirado. Pero en la actualidad, tiene un modelo total y único: Iker Casillas. “Es el más grande”, cuenta.
De Muslera a Diego Lugano. El jefe. Un káiser. En el campo, infunde respeto. A algunos, puede que demasiado. Lugano es experto y curtido en mil batallas. Dice que para rematar ese buen momento del fútbol uruguayo, "falta coronar".
Uruguay es una cooperativa de gente que pide a gritos un sitio en el podio del fútbol mundial. De su seleccionador y su proyecto creado por Óscar Washington Tabárez, pasando por empleados eficientes como Matías Faral, Álvaro Pereira y Luis Suárez, el conjunto uruguayo ha ganado, ya días antes de la final de la Copa América, su primer título: el equipo del pueblo.