El suizo Roger Federer, número uno del mundo, arruinó, otra vez, las aspiraciones del serbio Novak Djokovic (7-6(3), 7-5 y 7-5) para encarar, por sexto año consecutivo, la final del Abierto de Estados Unidos, que disputará ante el argentino Juan Martín del Potro.
El helvético, pentacampeón del último Grand Slam del año, se sitúa ya a orillas de otro registro histórico. Los seis triunfos en el último Grand Slam del año, que le pondría a la altura del mítico John Tilden, que tiene fijada esta marca desde 1928.
Para quienes no estén del todo familiarizados con la impresionante evolución que ha tenido Juan Martín Del Potro en el curso del último año, es lógica la curiosidad de averiguar qué es lo que ha hecho el argentino para colarse en su primera final del Grand Slam.
A Del Potro le cuesta dar una explicación por más que su saque ha mejorado ostensiblemente, al extremo de que es un arma en la que ahora confía ciegamente para salir de apuros, además de que sus devoluciones con la derecha son como pedradas.
Pero ayer, tras arrasar 6-2, 6-2, 6-2 a Rafael Nadal para avanzar a la finalísima del Abierto de Estados Unidos, probó con otra teoría cuando le preguntaron sobre cómo hacía para adivinar la dirección a las devoluciones del español.
Su pase a la primera final de un Slam en su carrera es el más reciente corolario de un ascenso vertiginoso que se remonta al año pasado.