Tendremos la oportunidad de ver la Copa América, el principal torneo de selecciones del continente sudamericano que contará con la presencia de dos invitados, México y Costa Rica.
Sería interesante analizar un poco la situación de los países participantes.
Sus características económicas muestran claramente que los países sudamericanos, en mayor o menor medida, siguen siendo Estados incompletos, con economías subdesarrolladas. Funcionan como parte de un movimiento internacional de capital, pero no cuentan con un flujo económico interno que les permita tener economías nacionales completamente coherentes e integrales, quedando sujetas así a intereses externos.
Este problema está enmarcado por la historia de encuentros y desencuentros entre los países sudamericanos, especialmente en el ámbito geopolítico de la región.
Una ojeada al mapa sudamericano permite ver que Brasil es el país más grande de la zona, rodeado por otras naciones hispanohablantes. Esto demuestra que el imperio lusitano, primero, y la República de Brasil, después, pudieron conservar la unidad del actual territorio brasileño, mientras que las ex colonias españolas se fueron desintegrando en un proceso de fragmentación paulatina, que desembocó en la creación de un gran número de países de habla española. Por eso tenemos en esta competencia a 11 países que hablan español, cada uno a su manera, y sólo uno de habla portuguesa.
Pareciera que la división de los grupos de la Copa América tuvo el propósito de evitar algunos encuentros desagradables entre rivales históricos, aunque en el caso de Sudamérica es casi imposible evitarlos .
Chile y Bolivia, por ejemplo, están en grupos distintos, pero los chilenos tendrán que enfrentar en el Grupo C a Perú, un país con el que lucharon la llamada Guerra del Pacífico y de la que todavía quedan cicatrices a flor de piel entre los peruanos y, especialmente, los bolivianos que perdieron el acceso al mar.