Enero puede ser un mes de apretarse el cinturón después de las libertades a las que nos convidó diciembre. Aquí, en Red de palabras, preferimos remontar esta cuesta recordando los buenos momentos que nos deparó la literatura panameña durante el 2009.
El año pasado nos alegramos con el triunfo de Salvador Medina Barahona, una promesa sostenida en el tiempo que llegó a cuajar con el poemario “Pasaba yo por los días”, del cual conocemos fragmentos. Salvador estuvo escoltado por prestigiosos talentos como Dimas Lidio Pittí, Consuelo Tomás y Porfirio Salazar.
No podemos obviar, en esta lista somera, los “Cuentos con salsa”, de Carlos Wynter Melo y, por supuesto, libros como “El rey del truco soy yo”, de Dennis Smith y “Con vista al mar”, de Luigi Lescure, surgidos sobre la cresta de esa ola que se llama 9 Signos Grupo Editorial, producto de la visión de Enrique Jaramillo Levy y un grupo de escritores.
Richard Brooks, o Ricardo Ríos, nunca se sabe, nos entregó “Éxtasis”, locura poética y narrativa, como el mismo autor confiesa. Dos Pacos también publicaron: uno, Francisco Moreno Mejías, “Un puñado de ocurrencias”, en lomos del recuerdo y con un pie en España y otro acá; y el otro, Ramón Francisco Jurado, con “Veritas liberabit”, las aventuras de Sabrina Saavedra, sarcástica, hermosa, efectiva (no siempre en ese orden), auténtica heroína local que no le pide nada a las del cine.
En cuanto a éxitos de librería, fue el año de Eduardo Verdurmen, que llegó y enseguida marcó territorio, con un libro muy bien mercadeado que le proporcionó satisfacciones en Panamá y en otros países: “Rex Angelorum”, del cual se nos ha prometido una versión cinematográfica que habrá de rodarse este 2010 en escenarios panameños.
A la par de estos hechos, se produjeron programas (FETV, por ejemplo, con “Cruce de ideas”), cine-foros, congresos y conciertos en la Biblioteca Nacional, el Teatro Nacional, la Universidad de Panamá (sede del Festival Cervantino), la Universidad Interamericana, la UTP (hogar del Congreso Internacional de Literatura Centroamericana), la USMA, la Universidad Latina y otros sitios. En las salas de la Biblioteca se exhibió una estupenda muestra de revistas culturales de España y Panamá, hitos ineludibles para todo interesado en las letras, y el INAC, de la mano de algunos de sus funcionarios, demostró un empuje nuevo y halagador (la Caravana de la Lectura y la entrega de libros en la Terminal me parecieron hechos plausibles).
Otras buenas nuevas hubo en el 2009, y José Luis Rodríguez Pittí se encargó de plasmarlas en la página web de la Asociación de Escritores (www.escritorespanama.com), fuente de referencia útil y siempre actualizada sobre el devenir de nuestras letras. En lo particular, tuve la fortuna de compartir con lectores jóvenes en la capital, La Villa de Los Santos, Chitré, Metetí y David, en ocasiones memorables que esperamos repetir.
Claro, también hubo momentos tristes, porque se fueron amigos nuestros y de la literatura: don Carlos Ortiz, escritor y fuente constante de anécdotas históricas; la profesora Joaquina Padilla, defensora a ultranza de la literatura infantil, pero se marcharon con la cabeza erguida, por la puerta grande, conscientes de su misión cumplida.
Cierro este recuento confesando que se quedan sin mencionar obras, autores y hechos relevantes en este año que pasó hace menos de un mes, pero que dejaron sin dudas su aporte a la cultura nacional. Igualmente, me regocijo con el impacto que Día D representa en nuestra Patria de las Letras, el que de seguro seguirá afianzándose este año, con el apoyo siempre fiel de lectores como ustedes. ¡Salud!
Que la palabra te acompañe.