¡Lo último que podía ocurrir! Niños de preescolar revolvieron todo en un centro educativo oficial, al extremo de que al principio se pensó en que era una acción propia de los delincuentes.
Los pequeños, en un acto de inocencia, se sintieron tan atraídos por los variados y novedosos juegos didácticos, que quisieron jugar y tocarlos más allá del tiempo y del espacio que les era permitido. Nadie los vio, nadie se enteró.
Y todo ocurrió horas después de que el Presidente de la República y la Ministra de Educación presentaran con orgullo la remodelación que le daba un toque de excelencia, a una modesta escuela del área Este.
Hubo todo un revuelo por algo que demostró, en forma fehaciente, lo desprotegidos que están los colegios y escuelas no sólo de la capital, sino de todo el país, por falta de vigilantes.
He perdido la cuenta de la cantidad de centros educativos que, sistemáticamente, son saqueados, así como el número de veces que escucho a las autoridades educativas ofrecer la misma y cansina respuesta: que no hay fondos para nombrar más vigilantes y que la comunidad no denuncia a los responsables.
Lo último que se informó, es que se necesitarían unas 6,000 personas para ofrecerle seguridad y vigilancia a las escuelas y colegios del país, lo que afirman, es ¡imposible!
Dotar de tecnología a estos centros es importante para formar un recurso humano más competitivo. Por ello cada año se destinan miles de dólares para tal fin... pero, ante realidades y hechos tan concretos como los expuestos, no es difícil imaginar lo que ocurre con las computadoras y demás equipo que se destinan para uso de los estudiantes.
Seguimos tirando la plata al río sin detenernos a pensar cómo enfrentar esta situación en forma efectiva y ¡definitiva!