A escasos de 20 días para defender su corona, Vicente "El Loco" Mosquera no ha recibido una confirmación por parte de la empresa Don King Promotion.
"El Loco" Mosquera es el campeón de la categoría Súper Pluma de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) y deberá defender su título el próximo 12 de noviembre ante colombiano Oscar León.
"Debemos hacer contacto es ta semana con la gente de Don King", dijo Rogelio Espiño, apoderado del púgil panameño.
"Ellos están organizando la velada y son ellos quienes nos deben confirmar el día y la hora que debe viajar Mosquera a Estados Unidos", indicó Espiño.
En tanto que "El Loco" continúa su preparación con miras a defender su corona.
El púgil inició la etapa de guanteo con diferentes sparrings y corre a diario para presentarse en buena forma.
Mientras seguía la ardua carrera de Derecho, fungió de Oficial Mayor en un Juzgado de Circuito y en el Tribunal Superior de Justicia. Egresado con el Primer Puesto de honor de su promoción, se integró al bufete Arias Fábrega y Fábrega, uno de los más prestigiosos del país. Los socios de éste, ponderando las brillantes ejecutorias y el amor por el estudio del joven litigante, le facilitaron la obtención de una Maestría en Derecho Marítimo, que culminó con honores, en la renombrada Universidad de Harvard.
Un cuarto de siglo fecundo dedicó Rafael González a la práctica del Derecho Civil en la firma forense que lo acogiera al inicio de su vida profesional. Por 1976 abre con sus colegas Antonio Osorio y Luis Adames un consultorio jurídico desde el cual brindará exclusivamente asesoría al Sindicato de Trabajadores de las Bananeras. Las luchas políticas de este gremio obrero se beneficiarían intensamente de las generosas luces aportadas por Rafael González.
De 1986 a 1991 se desempeñó como asesor legal de la Universidad de Panamá, en una época signada por la peor crisis que ha vivido la República, cuando se desmorona la cúpula militar -y, con ella, la economía y las instituciones del país- y sobreviene la invasión estadounidense, cuyo lastre moral y material permeará por años la vida de la erosionada nación.
Remecidos los cimientos de su propia Alma Mater, González publica en 1994 la monografía Universidad de Panamá e Independencia Nacional, lucida y lúcida defensa de la autonomía de nuestra más alta casa de estudios y de la soberanía, ultrajada ab initio, de la República de Panamá. En el epílogo de ese importante trabajo, el jurista panameño hace planteamientos en los que vibra con claridad de campana un sentir bolivariano y académico.
"La historia, con la fuerza absoluta de todas las consideraciones, nos identifica como Latinoamérica en conjunto (…) La lucha por la afirmación de la Independencia y la soberanía panameña implica la solidaridad latinoamericana. Es posible que, eventualmente, en los Estados Unidos y en otros centros de poder mundial se promueva una política más inspirada en la moral y en la justicia. El mayor grado de desarrollo de la humanidad tiende en esa dirección.
"La educación es frente primordial de todos los pueblos en la conquista de sus destinos. El desarrollo científico y técnico de Panamá está confiado en proporción importante a la Universidad de Panamá. También el sentimiento de nacionalidad (…) La Universidad de Panamá (…), como un todo, en tiempos difíciles dio ejemplo de trabajo sostenido y sembró confianza en el futuro".
En 1994 Rafael González fue designado Magistrado de la Corte Suprema de Justicia en la Sala de lo Civil para culminar el período del Doctor Carlos Lucas López, quien había renunciado al cargo que debía desempeñar hasta 1997.
El breve paso de Rafael A. González por nuestra más alta institución de justicia resultó ser el de un cometa Halley, en el aciago período en que Panamá, abatida Ave Fénix, luchaba por resurgir de las cenizas a las que la habían reducido dos infamias castrenses: la corrupción de su casta militar y la invasión norteamericana que dio al traste con el gobierno impuesto por aquélla.
Tomada Panamá por las fuerzas estadounidenses, un sinnúmero de establecimientos fueron presa del asalto de un pueblo lacerado por el caos socioeconómico. Un número plural de demandas por daños se llevó a nuestra Corte Suprema: los comercios y otras entidades vandalizadas exigían indemnización a las aseguradoras. Emulo de Salomón, el Magistrado Ponente Rafael González determinó que las demandas no procedían por ser los casos producto de una circunstancia de guerra, rubro no contemplado por los contratos de seguro celebrados.
Finalizado el período de reemplazo del Doctor López en la Corte desde 1997, González se dedicó a la práctica privada del Derecho hasta su muerte ocurrida el 7 de junio de 2001.
El hondo humanismo que hizo en Rafael González eclosión de un virtuoso del derecho civil, constitucional y procesal, y de la jurisprudencia, se decantó a lo largo de una larga vida en el goce y auspicio de múltiples manifestaciones artísticas y culturales.
Entre las numerosas proyecciones de su fino intelecto, hizo gala de una pluma prolífica, de prosa viril, diciente. Su legado de escritos, de una hondura, elegancia y austeridad plutarquianas, evoca el aforismo de Cervantes: "La pluma es la lengua del alma". Además del reverberante estudio sobre la crisis universitaria, nuestro procesalista acrisoló un prisma de ensayos y crónicas que albergarían las doctas páginas de la revista "Lex" y principales diarios nacionales que le dieron cabida primordial a su palabra escrita.
Soldado de las leyes y las letras, caballero medieval, hasta el fin de sus días blandió la espada del verbo justiciero. Así, ese postrer 7 de junio del 2001, el periódico El Panamá América recibió su inquieta misiva sobre la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos, esa carta vería la luz cuando ya sus ojos se habían cerrado para siempre.
Entre las numerosas resoluciones de duelo publicadas tras el deceso del connotado jurista figura la de la Fundación para la Promoción de la Mujer, que resalta "su objetividad y firmes criterios en la defensa de la promulgación del Código de la Familia (que) nos sirvió de inspiración para crear el premio Hombre Solidario del Año, con el cual (lo) distinguimos…"
A la inesperada muerte del panameño necesario que fue Rafael A. González, conmovidas plumas glosaron el hecho en la prensa local. El catedrático de periodismo Hipólito Donoso exaltó de aquel hombre de leyes y de letras que:
"Como pensador, organizador y promotor de ideas progresistas (…) dedicó gran parte de su vida a promover el sentimiento de la nacionalidad panameña, el sentimiento más idealista con que hemos convivido. Para él, un país sin ideales no constituía una nación".
El abogado Miguel González dedicó al fallecido colega el encomio que sigue:
"Rafael González reivindicó la educación como el único medio por el cual el país podía mejorar su rumbo (…). Señalaba que el mundo tenía que ser nuestra preocupación; que no hay habitante del universo que no sea importante y por quien no haya que velar".
"Jurista metódico y riguroso, escudriñaba la ley en procura de que el derecho sirviera como base de justicia y para el desarrollo del país y del universo (…); para el bienestar de todos, no para unos cuantos".
"Se empinó sobre la mediocridad del hombre (…); oteaba el horizonte para que todos y cada uno de los mortales disfruten el derecho de vivir plenamente."
El 11 de junio de 2001 El Panamá América dedicó su editorial al panameño renacentista, quien fuera Rafael González, "cuyo corazón se detuvo caprichoso a sus 76 años de existencia plena". En esos párrafos que hacían fiel eco de un pesar nacional se supo de él que:
"Mientras servía en la Universidad y luego en la Corte, devolvió todos sus cheques de jubilación porque opinaba que un jubilado no debía cobrar a la vez una pensión y un sueldo. Su honestidad era tal que una vez, actuando en el decisivo papel de dirimente en un pleito millonario, advirtió que era pariente de una de las partes en contienda. Para sorpresa, la parte contraria dijo que no le importaba y lo mantuvo".
El poeta y cronista panameño César Young Núñez vino a ser el número cuatro para el trío que conformábamos los abogados Rafael González, Rodrigo Molina y quien les habla, unidos todos por lazos entrañables de afecto y por amores comunes: a la vida, a las letras, a las artes, a la justicia social… La súbita partida del amigo hizo trovar a Young Núñez:
"Tenía ese talante de hombre sin prisas, que refresca la visión de los conflictos (…) Había hecho de la sonrisa de la Gioconda un emblema cotidiano de su personalidad.
Hasta el fin de su vida mantuvo sus ideales y sus principios y vivió al amparo de esos valores que impulsaron su honrado y rectilíneo periplo vital. Fue un hombre que pudo haber sido alumbrado por la lámpara de Diógenes".
Con la clarividencia del poeta rimó Antonio Machado:
"Cuando un amigo se va
queda un espacio vacío
que no lo puede llenar
la llegada de otro amigo…"
En la fosa de ausencia de Rafael González hemos sembrado ubérrimos recuerdos: para la clara trilla del Derecho y la dura andadura de la vida.