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La Expansión del Canal y sus Referencias

En el caso de la ampliación del Canal para mí lo importante es el país y lo secundario son los partidos políticos, los aficionados a la política, el propio gobierno y los cálculos para los próximas elecciones. El país es, pues, la referencia obligada. Los intereses políticos, incluyendo los del gobierno, es lo secundario. Pero el país no como una palabra, no como un simple continente, sino como un contenido. El país, en fin, como la suma de los intereses objetivos de toda su población.


En mi concepto, un estudio serio de cualquier problema, bien sea éste simple o bien sea éste complejo, reclama el uso de un método. En mi caso, el método analítico que acostumbro usar me exige la aplicación de los siguientes principios o reglas metodológicas: la identificación de la naturaleza propia del problema. Sencillamente, como lo he dicho en otras ocasiones, quien ignore la naturaleza de un problema, cualquiera que ésta sea, no tiene, evidentemente, cómo conocer el problema. Por razones didácticas, suelo poner ejemplos como el siguiente: el buen médico primero se exige determinar la naturaleza de la patología que confronta su paciente, y sólo después se siente en condiciones de recetar con propiedad y acierto, y no antes; otro de los principios metodológicos a los que siempre apelo es el que obliga a distinguir en cada caso, dónde está lo importante y dónde lo secundario. Este principio demanda un esfuerzo consciente en la calificación de los elementos que participan en el problema. También me exijo, en el estudio de cada problema, identificar el contexto dentro del cual el problema se produce. Esto obliga a identificar las referencias que le son propias, entre las cuales se encuentran, necesariamente, las inmediatas, las pertinentes y las relevantes. Igualmente me impongo una visión universal de cada problema. Otra regla indispensable: no comprometer preconceptos, vanidades ni amor propio. Sólo así, siguiendo esta última regla se puede asegurar, con la mayor asepsia, la mayor aproximación a la realidad real de cada caso.
Veamos, a continuación, la aplicación de los citados principios metodológicos al caso concreto de la ampliación del Canal :
En mi concepto, la naturaleza del problema confrontado es eminentemente económica. Se inserta, justamente, dentro del aprovechamiento económico de nuestro principal recurso natural, vale decir, de nuestra especial posición geográfica, mediante la prestación de un servicio público de carácter internacional. Ese servicio público de carácter internacional consiste en facilitar indiscriminadamente el uso del Canal de Panamá para el cruce de barcos del Pacífico al Atlántico o del Atlántico al Pacífico. Como la naturaleza del problema es, como queda dicho, de carácter eminentemente económico, esta realidad es la que le permite al Estado panameño, a través de la Autoridad del Canal, asegurarse importantes y crecientes ingresos.
Dijimos que otra regla metodológica exige diferenciar en cada problema dónde está lo importante y dónde lo secundario. Veamos este aspecto a propósito de la ampliación del Canal.
En el caso de la ampliación del Canal para mí lo importante es el país y lo secundario son los partidos políticos, los aficionados a la política, el propio gobierno y los cálculos para las próximas elecciones.
El país es, pues, la referencia obligada. Los intereses políticos, incluyendo los del gobierno, es lo secundario. Pero el país no como una palabra, no como un simple continente, sino como un contenido. El país, en fin, como la suma de los intereses objetivos de toda su población.
Las observaciones que siguen, darán plena justificación a la segunda regla metodología de que se ocupa este aparte.
Naturalmente, un problema eminentemente económico puede politizarse y, más allá de politizarse, puede suscitar, incluso, reacciones fuertemente emocionales. Pero, evidentemente, ni la politización del problema, ni las reacciones fuertemente emocionales que suscite, pueden cambiar la naturaleza propia del problema: ésta seguirá siendo económica, vinculada a la prestación de un servicio público internacional, como lo prestan todos los canales internacionales del mundo y, en el caso concreto de Panamá, constituye además su mayor fuente de divisas.
Como obligada derivación de lo dicho, el problema de la ampliación del Canal no puede o, al menos, no debe abordarse con criterios políticos, bien sean éstos partidistas o no, ni tampoco con criterios emocionales.
Mi situación concreta y el de muchos otros panameños de distinta filiación política ilustran el caso: por ejemplo, como tal vez lo recuerden algunos, yo fui siempre adversario de la dictadura militar que tuvimos por 21 años y, coherentemente, adversario de su brazo político y de los gobiernos que han tenido. Como se sabe, estos gobiernos fueron posibles gracias a quienes luchamos por recuperar la democracia representativa de que hoy gozamos. Sin embargo, mi justificada oposición a la dictadura y a los gobiernos que su brazo político ha tenido, no es para mí un criterio ni de evaluación ni de decisión. La naturaleza eminentemente económica y no política del problema de la ampliación se expresa, paradójicamente, en el hecho de que el Presidente nominal del NO, fue "presidente" de la dictadura durante el período norieguista, gracias a que el "presidente" anterior, también nacido de los cuarteles, se negó a presidir las elecciones escandalosamente fraudulentas que despojaron al Dr. Arnulfo Arias Madrid de su triunfo electoral. Y el Presidente de la Junta Directiva de la ACP y virtual presidente del SI, también fue servidor del norieguismo y ministro de su gabinete.
La paradojas también se dan en el seno de la denominada oposición al partido político que nació de los cuarteles. El actual gobierno fue posible gracias a la corrupción que el pueblo percibía en el gobierno anterior, al cual permanecieron adscritos, hasta el último cheque, muchos de los importantes voceros del NO.
Fenómeno parecido se da con muchos de los políticos que favorecen el SI, como es el caso del propio Presidente de la República, quien también apoyó la dictadura militar y todo lo que ello conllevó. No obstante ello, de hecho, muchos de quienes adversaron la dictadura y adversan al actual gobierno están también con el SI.
Como bien se sabe, en Panamá es difícil decidir qué es peor, si el gobierno o la oposición. Por lo demás, si en Panamá vamos a esperar, con la materia prima con la que contamos, que se instale un gobierno realmente eficiente y realmente decente, tal vez se nos vaya el tiempo para resolver, oportunamente, un problema que no es político, sino, como hemos repetido, eminentemente económico. Resumiendo, el elemento político, no sólo por carecer de idoneidad per sé para explicar un fenómeno eminentemente económico, sino por la ausencia de coherencia, autenticidad y utilidad que presenta, no cumple ninguna función positiva ni como referencia, ni como factor de evaluación, ni como criterio de decisión.
La visión universal de cada problema es la que se opone, como método, a la visión parcial o segmentada de éste. Esta visión universal tiene la virtud de que es más comprensiva, vale decir, mas abarcadora de todos los elementos que se dan o concurren en un problema dado. Sus bondades, en alguna forma, lo expresa el aforismo que aconseja "no perder de vista el bosque por contemplar el árbol".
En el caso de la ampliación del Canal, su visión universal sugiere reparar sobre la función histórica del istmo de Panamá como ruta transoceánica, su evolución como tal, sus necesidades, los intereses propios del país y los propios de los otros Estados usuarios de la ruta y la cuestión geopolítica dado el carácter de canal internacional que presenta el Canal de Panamá y el servicio que presta. Sobre el aspecto geopolítico, por ejemplo, todos podemos pensar la realidad que viviría el país si éste impidiera por tres días el uso de la ruta interoceánica. Al cuarto, sino antes, el país podría verse confrontando peligrosas situaciones de hecho a cargo de los grandes Estados usuarios del Canal y, de manera especial, de los Estados Unidos de América a quien el Tratado de "Neutralidad", llamado por algunos de nosotros Tratado de Parcialidad, le otorga el derecho y la responsabilidad de garantizar la seguridad del Canal y su uso pacífico e ininterrumpido.
La visión universal también nos obliga a pensar sobre los efectos del SÍ y los efectos del NO. En mi concepto los efectos del SÍ alentarían las perezosas inversiones nacionales al igual que las internacionales, con las consiguientes fuentes de trabajo para muchos panameños. El NO, pienso, no produciría precisamente los mismos efectos.
Por lo que hace a la visión universal del problema de la ampliación del Canal, algo ha podido apreciarse en el tema de LA AMPLIACIÓN Y SU CONTEXTO y algo se apreciará en los otros subtítulos que siguen.
Al inicio del presente estudio expresamos que una de las reglas metodológicas que debíamos observar y de la que no se podía prescindir, era la que exigía ubicar el problema que supone la ampliación del Canal dentro del contexto que le era propio. Hablemos ahora de los factores que le son inmediatos, pertinentes o relevantes.
En nuestro concepto, el elemento más inmediato dentro del contexto de la ampliación del Canal es el de su obsolescencia. Se trata, incluso, de una obsolescencia calificada. Vale decir, de una obsolescencia creciente y en ningún modo estacionaria.
El fenómeno de la obsolescencia del Canal ya la advertían quienes, desde el civilismo, el nacionalismo y la democracia, nos oponíamos simultáneamente a la dictadura y a los aspectos negativos de los Tratados Torrijos-Carter. Muchos decíamos lo que ahora se está comprobando: que los gringos nos proponían entregar el Canal evidentemente esclerosado y próximo a achaques de obsolescencia. Y de eso se trata, precisamente. Si no lo ampliamos, años más o años menos, Panamá perderá el monopolio de la ruta de la cual se aprovecharon primero los gringos y que corresponde ahora a Panamá aprovechar.
Entonces, si el costo de las esclusas aumenta hasta un 17.9%, las proyecciones financieras no cambiarían una ápice; empero, la ACP dejará de percibir 1, 431 millones. Reitero: es ahora .
Además, el proyecto es tan robusto que una disminución en la rentabilidad financiera de 20% menor (9.6%), por cualquier combinación de aumento de costos y una reducción de los ingresos, no debería variar la decisión. Esto es así porque: el costo de financiamiento (6.5%) más un retorno razonable a los dueños (3.0%) para un total de 9.5% que es menor de la rentabilidad reducida hipotéticamente.
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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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