En 1997, un pequeño grupo de empresarios del libro decidimos establecer en Panamá “La Cámara Panameña del Libro”, grupo que reúne al mundo editorial escrito: libreros, placistas, distribuidores y editoriales. En ese momento nadie apostó por nosotros y mucho menos las empresas grandes de libros establecidas en el país, salvo algunas excepciones, debido a que no creían necesaria una “Cámara del Libro” para un país tan pequeño y que ya tenía una Asociación de Libreros y Distribuidores de Libros. El empeño consistía en formar parte del Grupo Iberoamericano de Editores, grupo al que pertenecen todas las Cámaras del Libro, siendo Panamá el país N° 27 de haberse incorporado.
Cuando fuimos a registrar nuestra Cámara, nos encontramos con que había otra con el mismo nombre, pero de autores y personas que de alguna manera estaban vinculadas a la lectura. Esta cámara era presidida por el connotado autor Ramón Fonseca Mora, a la que pertenecían importantes personalidades de las letras panameñas como la Dra. Rosa María Britton.
Cuando se le planteó a la Dra. Britton la necesidad de registrarla, ella gentilmente nos donó su personería jurídica, a fin de que pudiéramos inscribir la nuestra y fue así como el 20 de abril de 1997 se crea la Cámara Panameña del Libro y en mayo de ese mismo año es aceptada por el Grupo Iberoamericano de Editores en Buenos Aires, Argentina, la que me tocó presidir, pensando que era solo por dos años, por supuesto sin sede, y con el pago de las cuotas de 12 miembros.
La finalidad de la Cámara del Libro siempre fue elevar el nivel de lectura de los panameños a través de distintos vehículos que nos sirven para este fin, como fueron las muchísimas ferias locales y el dar a conocer nuestra literatura en más de 26 ferias internacionales, acompañadas de algunos de nuestros más prestigiosos autores. Este trabajo de esfuerzo y de empeño significó tener constante presencia en todos los espacios internacionales como gremio. Además se concretaron muchas iniciativas, entre ellas, la presentación del Anteproyecto de Ley del Libro y Bibliotecas Públicas ante la Asamblea Legislativa, una cantidad importante de capacitación y becas para las personas vinculadas al mundo del libro. Otro acierto fue la creación del grupo de Cámaras de América Central (Grucal), que pretende la libre circulación del libro y la palabra escrita que circula por esta franja centroamericana en donde de alguna manera no se han logrado romper las barreras que nos impiden la lectura expedita de los autores de estos seis.
De allí nace la necesidad de establecer un círculo de ferias que luego se denominarían “FILCEN”, en el que teóricamente le toca a un país distinto cada seis años realizarla. A nosotros nos tocó la primera en el año 2001, y por un respeto a esta alianza centroamericana, denominamos a Costa Rica como nuestro primer país invitado.
Por supuesto, la Biblioteca Nacional no podía faltar en esta fiesta cultural, y estuvieron integradas de manera muy activa la Dra. Rosa María Britton y María Magela Brenes. La Cámara en ese momento era un ente poco conocido y necesitábamos mucho el apoyo de quienes creían en un proyecto como este, y que eran pocos por cierto.
Debo decir que la señora Rosario Galindo, cuando se enteró de que estábamos gestando el proyecto, trajo de España toda una suerte de información para alimentar un proyecto único, necesario y muy poco apoyado, de manera que el Grupo Epasa se constituye en el primer auspiciador de este evento histórico.
Al final, tuvimos el apoyo del resto de los medios de comunicación, y el apoyo de muy pocas empresas, de las que debo mencionar con respeto a Copa Airlines. La pregunta era ¿para qué poner dinero en un proyecto de lectura si en Panamá no se lee? Y ponerlo en manos de una institución poco conocida, como era la Cámara del Libro, menos aún. De hecho, Banistmo dio dinero, pero por medio de la Biblioteca Nacional, y fue por eso que decidimos que para que nuestros auspiciadores sintieran que estaban apoyando un proyecto transparente buscamos el apoyo de la firma Delloite, que han sido nuestros auditores externos desde entonces.
Rosa María, siempre optimista, tenía una cantidad de autores centroamericanos que sumaban 18, entre ellos a Sergio Ramírez Mercado. Todos vinieron en fiel cumplimiento de la amistad y solidaridad con ella.
Pero no había dinero y cómo montar un proyecto tan ambicioso solo con los pasajes y los deseos de cinco personas... Fue difícil, tanto que en un momento casi se aborta esta primera feria por falta de fondos, pero como todo lo bueno siempre sale adelante, surgió un dinerito y pudimos montarla como Dios manda, pensamos en ese momento que sólo entrarían unas 10 mil personas; pero para mi sorpresa y la de muchos, nos visitaron en esa primera feria más o menos cuarenta mil personas. Yo personalmente sentía que había triunfado junto con el pequeño equipo que nos acompañó en esta aventura cultural.
Luego se invitó a Colombia, coincidiendo con el año en que se conmemoró la separación de Panamá de Colombia, lo que nos pareció de lo más acertado, y establecimos como símbolo un lema muy singular que se denominó “Unidos por la Cultura”, coincidimos, pues, con el centenario de la república, en el año 2003. La empeñosa embajadora Gina Benedetti de Vélez hizo gala de todo su esfuerzo y empeño y trajimos tal vez la embajada cultural más importante de todas las ferias, en la que además de los 17 autores colombianos que nos visitaron, todos de primera línea, se trajo el Rey del Vallenato, con lo que nuestra feria se vistió de colorido y música y fue en esta que se inventó el cierre de la feria, que es único (ninguna feria del mundo tiene un cierre), y también nuestros decimeros le cantan al país invitado, así se dio un sitio de importancia al verso cantado dentro de un evento como este.
En esta ocasión, tuvimos también como invitados de España a Rosa Montero, J.J. Benítez, que causó un verdadero suceso, a J. J. de Armas Marcelo, que se hizo un español panameño enamorado de este terruño, y también nos visitó el premio Juan Rulfo, el renombrado ensayista Carlos Monsivais, de México.
A partir de nuestra presencia en ferias internacionales, nos fuimos ganando el respeto como sitio de ferias, lo que nos permitió ser aceptados por Chile en el 2005, y es parte del recuerdo de todos los panameños que asistieron a la inauguración de esa feria las cálidas palabras del ex presidente Ricardo Lagos, a quien en una carta casi coloquial lo invité y él también de manera coloquial aceptó. Debo decir que fue la primera vez que la feria fue inaugurada por dos Presidentes de las respectivas repúblicas (Martín Torrijos y Ricardo Lagos), lo que le dio al evento una gran prestancia e importancia.
Fue otra feria sin precedentes con autores de la talla de Jorge Edward, premio Cervantes, con el reconocido autor Antonio Skarmeta y otros 16 autores más, que con sus letras nos regalaron otra fiesta de las letras.
En el año 2007, fuimos engalanados por primera vez por un país europeo, España, que significó una gran sorpresa para nosotros la aceptación del mismo, habida cuenta de que es un país que tiene hasta diez invitaciones previas para ser país invitado, pero una vez más se impuso lo que se veía en el mundo, el éxito de las ferias del libro de Panamá, el nivel de organización y el empeño que siempre se le puso al Pabellón Infantil, que en ese momento lo asumía con gran cuidado la Alcaldía de Panamá.
Varios expertos nos han comparado con las mejores ferias del área, superando con creces todas las ferias centroamericanas y muchas del Caribe, que se han afectado por falta de recursos y mala organización.
El año en que España fue el país invitado tuvimos una gran encrucijada, y era qué artista traer, tomando en consideración que nuestras ferias son también eventos musicales, coloridos, en los que toda forma de arte tiene su participación y expresión, de esto nunca tuvo duda alguna la profesora Emma Gómez, nuestra principal colaboradora y encargada de la parte cultural de las últimas cuatro ferias.
Decidimos traer a Diego El Cigala, quien acababa de ganarse un Grammy y era poco probable que quisiera venir, y para nuestra sorpresa, aceptó. Esto significó un trabajo adicional y era llenar a tope el teatro Anayansi, pues el evento era gratuito, sólo con el pasaporte cultural, que permite entrar a todos los eventos de la feria. Nadie sabe que dos días antes del evento, con todo anunciado, nos informó la jefa de prensa del Cigala que éste no podía viajar porque no le daban la visa al bajista del grupo. Eso significó una noche de total desvelo y llamadas a todas las personas que tenían que ver con esta visa. Al fin viajó y el Cigala se presentó con un espectáculo sin igual, que fue visitado por costarricenses que vinieron en buses, pues no podían creer que este artista se presentaba en Panamá por el pasaporte de la feria (B/10.00).
Este año culminó otro éxito cultural, la V Feria Internacional del Libro, en la que por gestión de mi presidencia se invitó al Perú, que nos aceptó sin la menor duda. Nuevamente haciendo lo que ellos saben hacer, llevar lo mejor de sí, en toda su excelencia: música, comida, literatura, arte.
Al culminar otro éxito para la Cámara Panameña del Libro, ahora liderizada con gran acierto por el Ing. Reneé Ávila, debo decir que hablar de cuánto se vendió y si le fue bien o no a la parte comercial no creo que deba ser la mejor valoración del éxito de la misma, el éxito se debe medir en la calidad de las jornadas culturales, que a la postre son lo que importa y lo que queda, la preparación a profesores y maestros, la asistencia a las mesas redondas de los autores que nos honraron y, sobre todo, la participación de los niños.
La parte económica, si bien es importante para medir algunos parámetros que servirán para que las editoriales extranjeras nunca falten a esta fiesta de las letras, lo más importante es la medición del después de la feria, ¿qué nos queda a los asistentes?, si el libro aporta o no al crecimiento y si los niños que asistieron se quedarán leyendo. Es importante que la feria se convierta en agenda de Estado, en cuestión de orden, y que no sea una feria más en la que nos “encontramos a los amigos por cinco días” y luego no pasa nada. No señores, si la feria sirvió, debe quedarse siempre entre nosotros.