Las ferias del libro son fiestas, espacios comunes en los que los lectores visitan el mundo de la palabra. Tenemos, durante estos eventos, la oportunidad de acercarnos a nuestros autores preferidos a través de sus libros o en persona.
Además, los editores, héroes anónimos del festejo de la literatura, tienen la oportunidad de aprender directamente de quienes consumen su producto final, el libro. Y esto es igual para los distribuidores y los libreros.
Pero más que una fiesta de la palabra, estamos ante una fiesta de la humanidad, de los sueños y, lo más importante, de la posibilidad de hacer los sueños realidad. ¿No necesitamos urgentemente perseguir nuevas realidades?
Las Ferias del Libro, sin embargo, no funcionan por sí solas. Su verdadero objetivo es el de crear un hábito, el hábito de la lectura. ¿Y cómo se crean los hábitos? Repitiendo los comportamientos todos los días.
Así que debemos instituir ferias diarias del libro…
La feria diaria del libro debe llevarse a cabo en el seno de la familia, de la escuela y en el interior de cada persona. No hay otro modo de que la literatura triunfe.