Son testigos silentes de todo lo que sucede en la ciudad y, a pesar de su imponente estructura, usualmente pasan inadvertidos. No hablan, pero cuentan la historia y, sin ser jueces, hacen justicia a quienes han contribuido a construir lo que somos. Contra viento y marea, a sol y sombra se yerguen majestuosos por todas partes, cual centinelas que custodian desde sus atalayas ese legado humano e histórico que constituyen los cimientos sobre los cuales se sostiene el presente y se avizora el futuro.
Los hay de concreto, de bronce y hasta de hierro. Plazas, parques, edificios públicos, carreteras y avenidas constituyen los escenarios naturales en los que generalmente tienen su espacio. Nos cuentan la historia del país y del mundo, están allí con toda su magnificencia para enseñarnos y para que los apreciemos en todas sus dimensiones.
Seguramente muchos deberían estar mejor conservados y la información sobre su historia, localización y trascendencia debiera estar mejor organizada y a la disposición de quienes se interesen en conocer este fascinante legado que representan estas obras, que en su mayoría son producto de habilidosas manos de artistas panameños. Ésta es una muestra de los monumentos de la ciudad.