La competitividad es la manera de lograr un crecimiento económico sostenido y un mayor desarrollo humano para tener más calidad de vida y estabilidad nacional. Como hemos visto, el logro de una mayor competitividad nacional involucra una multiplicidad de factores multidimensionales que influyen sobre el desempeño económico. La capacitación humana, la aplicación de tecnologías, la institucionalidad, la infraestructura física, el sistema financiero, la administración pública y las políticas públicas, la empresa y su responsabilidad social, la libre competencia y la apertura de mercados, son los principales parámetros que contribuyen para lograr mayor productividad y competitividad. Hay un permanente accionar entre la actividad privada y pública, cada cual en su ámbito, que pueden complementarse para lograr el objetivo de una creciente competitividad que ubique al país con ventaja en un mundo globalizado.
La gobernabilidad eficaz es indispensable para que todo aquello funcione mejor. Entendemos por gobernabilidad en un sistema democrático la capacidad de un gobierno, elegido por los gobernados, de mantener la paz, el orden, la seguridad, la libertad y los derechos humanos, la participación ciudadana en la orientación de "la cosa pública" en formas consistentes con la actividad privada de los ciudadanos, y la capacidad de negociar y dirimir las diferencias naturales que surgen entre personas, grupos, sectores y regiones en sus demandas y objetivos. Es difícil lograr competitividad, crecimiento y desarrollo humano si hay inestabilidad política, incertidumbre en la orientación nacional, cambios abruptos y frecuentes en políticas públicas o en las normas y reglas institucionales, pugnas sociales causadas por diferencias ideológicas o concepciones diametralmente opuestas sobre el funcionamiento del Estado Nacional. La actividad económica libre y privada necesita un ambiente lo más estable y predecible posible que genere confianza para invertir, producir, exportar, ahorrar. El riesgo inherente a la actividad económica causado por fluctuaciones normales en los mercados y por la competencia es lo suficientemente elevado como para no ser agravado por inestabilidad causada por una gobernabilidad errática y fluctuante.
La estabilidad y aceptación de un sistema democrático representativo, de una economía de mercado y de políticas de desarrollo humano, se fortalece con la mayor participación posible de los ciudadanos en sus decisiones y beneficios. Esos sistemas político, económico y social se tornan más precarios e inestables con la exclusión y marginación de amplios grupos y sectores, por ejemplo, de 20 a 50% de la población. Los excluidos fácilmente concluyen no apoyar un sistema que no los beneficia a ellos. Las desigualdades profundas y la falta de oportunidades para muchos, muy característico de las realidades socioculturales de América Latina, tienden a crear espectros políticos muy amplios que causan grandes fluctuaciones políticas y de políticas públicas. Estas situaciones no son conducentes a un buen desempeño económico ni al aumento de la competitividad, ya que estas necesitan estabilidad y predictibilidad.
Ante las grandes disparidades aún existentes, una gobernabilidad eficaz necesita crear convergencia de objetivos estratégicos y de medios e instrumentos para realizarlos de manera tal que resulten, gradual y consistentemente, en la inclusión de toda la población en la producción nacional y en sus beneficios. Esa convergencia permite el funcionamiento estable y complementario del sistema democrático de gobierno y de una economía eficiente de mercado con resultados sociales satisfactorios. Los países desarrollados en general lo han logrado, ya que la alternabilidad democrática en los gobiernos no cambia aspectos fundamentales de su institucionalidad y de sus políticas económicas, solo causa giros leves y no muy amplios , acentuando ciertas tendencias hacia "la derecha" o a "la izquierda", alrededor del centro. Ello resulta ser consistente con un desempeño competitivo de la economía. En América Latina el país que mejor lo ha logrado es Chile y es clasificado como el más competitivo.
En Panamá el ejercicio reciente hacia una Concertación Nacional de objetivos y estrategia de desarrollo integral es un paso de gobernabilidad favorable al desarrollo integral y a una mayor competitividad. Esta concertación hacia una convergencia nacional será positiva y exitosa en la medida que incluya a toda la población en formas significativas en el desarrollo nacional, con énfasis, desde luego, en la incorporación del 37% de los panameños que son pobres y marginados. Técnicamente, hay conocimientos, estrategias y políticas consistentes con el logro de un desarrollo integral con inclusión. Se necesita una gobernabilidad política de altura para ponerla en práctica en forma sostenida.