Hace cuatro años, un joven panameño hacía su presentación silenciosa en los Juegos Olímpicos. Fue en Atenas, donde el colonense Irving Saladino trataba de hacer una representación digna para su país en el salto de longitud.
Saladino salió de Atenas lesionado y con un registro de 7,42 metros; en el puesto 18 de la clasificación general, pero con la medalla de oro colgando del estadounidense Dwight Phillips y sus 8.59 metros.
Han pasado cuatro años y de ese muchacho, de mirada ingenua... con escasa preparación, ya no queda casi nada.
Él mantiene su humildad, pero ahora es el campeón del mundo, el principal candidato al oro y la máxima esperanza de Panamá de escuchar sus gloriosas notas del Himno Nacional en el majestuoso Estadio Olímpico Nacional de Beijing. Que la espera, de 60 años, toda una vida, llegue a su fin.
El camino a la cumbre comenzó en Brasil, en el Centro de Alto Rendimiento de la IAAF. Trabajando con Nelio Moura, como entrenador, vio los resultados.
Saladino recorrió los caminos de Europa que fueron necesarios y su clasificación en el mundo era cada vez mejor. Era una superación real y diaria.
Ya Saladino no mira los 7.42 metros de Atenas, es ambicioso, a él le pertenece la mejor marca de la temporada con 8.73 metros, y ya mira el récord mundial de Mike Powell (8.95 metros).
En Beijing hay miles de sueños, todos con el mismo objetivo, tratar de ganar, y en Panamá millones de almas anhelan y quieren tanto como Saladino, el oro olímpico.