Después de todo, parece que la Historia de la humanidad nació como las ficciones… Escribo esto y sé que más de un historiador me dirá que no, que la Historia busca la objetividad y que la literatura es en esencia subjetiva. Pero leamos lo que dice Javier Sierra, autor de En busca de la edad de oro y sumemos su argumento a la discusión.
En el libro citado, Sierra aporta abundante información – a la que tiene acceso por ser directivo de la revista Más allá – que sugiere la existencia de una Edad de Oro hoy invisible para los hallazgos oficiales. Escribe, por ejemplo, que los egipcios ya tenían conocimientos avanzadísimo al principio de su civilización. Esto no sería posible, ¿cierto?, a menos que otra cultura le hubiera legado sus avances, que es justamente la hipótesis que defiende el autor.
Pero yo pongo sobre el tapete otra hipótesis: qué tal si el conocimiento, en vez de haber sido legado, fuera inspirado. ¿No es esto lo que se dice de las Sagradas Escrituras, que son resultado de la inspiración Divina? Y esto es lo mismo que le ocurre a un escritor: se le presentan imágenes misteriosas en su cabeza.