Perdonen mi insistencia con los sueños. Soy de los que creen que las experiencias oníricas son parte de la vida. Si lo soñaste, lo viviste, así de sencillo. Hay sueños tan reales como una novela. Y producen efectos tan reales como una lágrima, una sonrisa o una eyaculación. En un tiempo soñaba todos los días, hasta que una amiga me habló de sus sueños en colores y se detuvieron mis sueños por un buen rato porque estuve demasiado atento a ver si salían en rojo y azul. Desaparecieron. Cuando superé esa preocupación, volvieron. Confieso que todavía no sé si son a colores o en blanco y negro.
El último de mis sueños favoritos es el de la Isla de los Aullidos, que a fuerza de vivirlo y repensarlo una vez despierto, he logrado repetirlo en varias ocasiones. Creo que allí hay material para un libraco… si la vida me da tiempo.
Es una isla situada al Noreste de La Ciudad Redonda (otro de mis sueños que ya es libro). Su extensión de 350 mil hectáreas es siete veces la de la isla de Coiba. Posee una lujuriosa vegetación y una riquísima vida animal. Está rodeada de altos acantilados, imposibles de bajar o escalar. Son estos acantilados, por sus hendiduras, los que hacen que al soplar el viento (95% del tiempo), se escuchen aullidos hasta a veinte millas náuticas de distancia. Como está fuera de las rutas marítimas, su existencia pasa desapercibida para el resto del planeta.
Para celebrar la admisión del país 200, las Naciones Unidas decidieron convertir la mentada isla en célula de maldad, en el epicentro de la equivocación humana. Aceptaron la idea de Milton Stone, alguacil de Breakwell City. Según este sheriff, la maldad y la estupidez ya no caben en cárceles. Convenció a los delegados de las N.U. diciéndoles: «¿Se imaginan ustedes lo que se ahorrará el mundo enviando a esta miasma a la Isla de los Aullidos y que ellos velen por ellos». Nadie esperaba tal proposición. Se hizo un silencio (iba a decir sepucral, pero hay muertos que meten ruidos)… digamos bancario ¿quién no camina de puntillas en un banco, y a quién se le ocurre alzar la voz en estos sacred places? Pero duró poco.
¡¡¡Sí!!!! retumbó por toda la augusta sala.
Continuará, pues mi columna tiene un acantilado de 400 palabras que no puedo superar.