En las últimas semanas ha subido de tono el enfrentamiento entre el Congreso de los Estados Unidos y algunas instancias de ese país, y poderosas empresas informáticas. La causa del choque de colosos es la nueva ley que criminaliza el uso e intercambio de materiales en el internet. Tal como lo digo, puede entenderse. Pero la gran amenaza, por lo menos para la población común, es que la censura comience a regular las libertades individuales.
La verdad es que no soy un especialista sobre la ley que está debatiéndose - SOPA se le llama -, pero sí me he preocupado, por mi trabajo y mis intereses, en comprender qué es el internet y cuáles son sus ventajas y desventajas.
Primero, hay que aceptar que el internet es una herramienta. No más que eso. En otras palabras, nuestras decisiones siguen siendo, por Dios Santo, nuestras. El ciberespacio no tiene el poder de manipularnos si tenemos disciplina y sana voluntad.
Pero como es una herramienta, puede servir a malas y buenas intenciones. Es como una pala que permite cavar un canalete para el bien de las personas, pero también asesinar con golpes contundentes a alguien. Clara la explicación, ¿verdad?
Entonces la pregunta, ante ley SOPA, es: ¿quién debe regular cómo se usa esta herramienta, el internet? ¿Los poderosos del mundo, quienes cada vez muestran más descaro en sus afanes de absoluto control, o los consumidores de servicios cibernéticos y las empresas que se los surten?
Yo creo que, por lo menos por ahora, el segundo grupo. Tomemos en cuenta que estos últimos dependen del desarrollo del mercado, o sea que tienen algún tipo de fragilidad. Y en eso ha concordado el gobierno de Obama, justo cuando le presentaron más de millón y medio de firmas que avalan el peligro de la implementación de la ley.
No puedo negar que personalmente, de aprobarse la ley SOPA, me vería afectado. Muchos seríamos afectados. La mayoría de los escritores panameños mantenemos blogs. Algunos tenemos páginas electrónicas. Y unos pocos hemos montado editoriales en plataformas virtuales. Además de que considero que los libros virtuales son una puerta emocionante para la literatura; ya tenemos obras enmarcadas en dicho formato. La regulación del libre acceso a la información nos afectaría de un modo u otro, a todas las personas, en mayor o menor grado. ¿No crees? En la siguiente entrega, más noticias sobre el futuro.