(Segunda entrega)
¿Has visto a la ética? ¿Puedes decir cuál es su color, la forma que tiene, cuánto mide? Todos hablan de ética, pero nadie ha podido nunca tocarla, levantarla con ambos brazos y mostrarla al mundo: ¡Miren todos! ¡Aquí está la ética! ¡¿Ya ven que es real?!
Que sea tan escurridiza, es un problema mayúsculo, sobre todo hoy que existen tantas formas de manipulación.
Pederastas se disfrazan de niños en Facebook. Niños se disfrazan de adultos para acceder a los privilegios de los mayores. Hombres fingen ser mujeres. Mujeres ser hombres. Viejos verdes tratan de convencer a jovencitas de que tienen menos edad y de que son tan guapos como Tom Cruise.
¿Cómo sabemos que alguien está mintiendo? Si la ética es invisible, si no podemos palparla, ¿de qué modo podemos probar que está ahí?
Nadie lleva un detector de mentiras en el bolsillo o el bolso, suponiendo que dichos aparatos representaran alguna garantía.
Ante el dilema de quién es ético y quién no, las más grandes empresas del internet han diseñado modelos matemáticos para acercarse a la verdad. Estos modelos matemáticos se subordinan a un concepto que llaman Dar valor, y se sustentan en otro mucho más común: la confianza. Se supone que mientras más seguidores tiene un sitio y mayor congruencia mantiene entre lo que ofrece y lo que en efecto da, es más confiable.
Desde este punto de vista, Schubert era un tipo muy, pero muy confiable. También James Joyce. Ambos demostraron que nada les importaba más que la música y la literatura, respectivamente. El primero estuvo a punto de morir de hambre y de frío mientras componía el avemaría. El segundo se retorció en las calles mientras se devanaba los sesos para escribir mejor. ¿Qué más podía pedírseles como prueba? Se mostraron congruentes y consistentes en la persecución de sus objetivos, hasta el punto de casi morir. ¿No tendrá cierta relación la ética con aspirar a la más sublime creación?
Con esto no quiero decir que la actividad artística sirva para algo, porque ya he dicho, una y otra vez, en mi artículo anterior y ahora en este, que la literatura no sirve para nada. Repito: para nada.
Pero pregunto, ¿no deberíamos tener un punto más elevado al que mirar, un punto que nos permita superar las tentaciones materiales, pasar sobre ellas sin ensuciarnos? ¿No es el arte un modo de aspirar a lo divino?