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La memoria como novela

“Mendacem memorem esse oportet” (Buena memoria ha de tener el mentiroso), Fabius Quintilianus La frase de Fabius es un gong en el centro


Ernesto Endara (Escritor (necoendara@gmail.com)) / Escritor (necoendara@gmail.com)

“Mendacem memorem esse oportet”

(Buena memoria ha de tener el mentiroso), Fabius Quintilianus

La frase de Fabius es un gong en el centro del clavo. Cada día soy menos mentiroso porque no confío en mi memoria. Por eso juego corto. Los minimalistas aplaudieron y condecoraron el cuento más breve, se pasearon jubilosos en el bosón de Higgs montados en un pedacito de la partícula elemental; y alaban, pero no envidian, a los anónimos de Patacón que minimizan sus necesidades casi a nada. ¿Qué puntuación darían a mi novela de 10 capítulos metida en la columna más flaquita de la bolita del mundo.

I Las mentiras me ayudaron A entrenar la vaga memoria. Ah, esta memoria mía Fantasma residente En el palacio de las mil puertas

II Allí mi guía, Eurídice estrafalaria Dama de los silbidos Vieja, gastadísima, Abuela política de mis verdades, tan Olvidadiza ella, De encajes quebradizos, olorosos a marihuana y eucalipto

III «Acompáñame» –dice– Acepto y la tomo del brazo Estremecida piel de seda azul

IV Con ella no son válidos los trucos del olvido No puedo cerrar los ojos ante su álbum de recortes «Aquí tienes» –señala con mano de niña– «Aquel par de ojos que se atornillaron a los tuyos en el viejo andén de Caracas Ojos sin sexo, sólo ojos». Y, brincando en la punta de la lengua, El sabor del pan mojado en tu primera taza de café con leche El café es pócima para enjuagar recuerdos

V Aspira… –continúa la Dama su salmodia– El olor del largo muelle de Bachaquero Creosota, aceite y espinas de bagre. Navegante tú.

VI Escucha A las niñas del coro de la iglesia (ángeles con alas de bambú) ¡Esa música, oh, esa música! Cuando tú creías Cuando eras tan cándido Todavía no aprendías a dudar» Soy un conchudo con visa de Taboga.

VII Licué Besos y abrazos Te los brindo En un nido de luciérnagas (dignos de resaborear) Las mujeres son la mujer Y yo, todos los hombres.

VIII Y esto que brilla, Es tu primera duda… Lo que se me perdió fue tu última certeza Hace tanto… «Tampoco guardaste» –la interrumpo– «al tío conejo que sacó un mago del frasco de aceitunas»

IX Con una sonrisa tres cuartos La vieja dama me conduce Hasta el portón de entrada (esta vez, de salida) y me dice cautamente «Vuelve otro día»

X ¡Aguanta esa, Tito Piedra!


fecha edicion
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880189
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América