"Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien" Víctor Hugo
Al leer la declaración bajo el título "Réplica a una infamia pública" que, con el cinismo propio de un tontón macoute, hiciera en días pasados el exmilitar y ahora ex ministro de Gobierno y Justicia Daniel Delgado Diamante, no podemos menos que pensar sobre este gris personaje, al igual que de otros encumbrados miembros del PRD que lo apadrinan (incluido el Presidente de la República), que no sienten el mínimo remordimiento o pena por la vida del ser humano, segada por el exmilitar de marras de manera tan vil y cobarde.
El asesinato del cabo Andrés García quedó evidenciado con los hechos y las pruebas presentadas por el periodismo investigativo de nuestro país puesto a prueba una vez más, a quien el soberbio criminal ahora pretende intimidar, presentando una demanda por injuria y calumnia, en clara y evidente señal de frustración e impotencia, ante el agobiante e inmisericorde peso de la verdad. Verdad que el militar jamás imaginó saldría a la luz pública, después de haberla ocultado por tantos años en el sub-sótano del infierno, donde supuso que sólo él y sus compinches de aquella época, tendrían acceso.
Este viejo recurso intimidatorio para intentar acallar a la prensa resulta insostenible en justo derecho, y por demás incongruente con la propia confesión del crimen y la aceptación adicional por parte de Delgado Diamante de la ocurrencia del hecho de sangre, precisamente en casa de la víctima. En tales circunstancias, solo un morón podrá creerle el cuento de legítima defensa, que tan cándidamente ha invocado.
Dice Delgado Diamante en su réplica publicada a página entera en el diario La Prensa el día 12 de noviembre de 2008 que: "Los relatos publicados no se ajustan a la verdad. Hoy me veo obligado, por mi honor y el de mi familia, a enfrentar estas situaciones públicamente".
"La noticia publicada afirmó que el cabo Andrés García falleció a consecuencia de tres impactos de bala en el cuerpo y que el cabo García no llegó vivo al hospital. En realidad los informes de la Sala de Guardia del Hospital Santo Tomás, registran la atención médica al cabo García y la autopsia realizada para esas fechas reveló que sólo recibió un impacto en la pierna, el cual produjo un shock hemorrágico provocando posteriormente la muerte en el hospital".
En palabras de Delgado Diamante en el documento en mención, esta es una de las terribles falsedades que de "manera infame se utilizó para manipular la opinión pública con fines políticos". Se supone que de esta contundente (según él) aclaración, debemos entender, los ingenuos habitantes de la patria boba, que el cabo García está menos muerto, ya que como el afirma lo mató una bala y no tres, como dice la noticia. Que la haya disparado Delgado Diamante es un detalle sin importancia, a juicio del criminal, ya que él sólo lo mató una vez y no tres como la prensa intenta de manera "infame", tergiversar la verdad. Lo cierto es que ante razonamientos como este, sólo podemos esperar que más adelante, cuando Delgado Diamante en sus noches de insomnio se convenza, que está metido hasta el bigote en la responsabilidad de este crimen, agregará en su defensa, supongo, que el cabo García le pidió el arma de reglamento para meterse un tiro (ojo no tres), él mismo.
Imagino que el señor ex ministro de Gobierno y Justicia probablemente sea un ferviente devoto del dios mitológico Orfeo, de quien se dice visitó el infierno y fundó luego en la antigua Grecia el Orfismo, religión que se caracteriza por venerar y creer en la vida de ultratumba y en el imperio absoluto del mal sobre el bien. Sólo así, se explica, a mi juicio, la arrogancia y facilidad con que este personaje ha logrado adormecer su propia conciencia para vivir tranquilo en la patria nueva, al igual que lo hizo en la patria vieja; con el pueril argumento de una conducta intachable y un patriotismo ficticio, de los dientes para afuera.
La desfachatez de Delgado Diamante y del propio gobierno de Torrijos, es inaudita. No quiero imaginar cómo deben sentirse hoy los familiares de los militares chilenos fallecidos en el accidente del helicóptero SAN 100, al enterarse, para colmo de males, que quien les dio el pésame en representación oficial, a nombre del pueblo y gobierno panameño, fue nada más y nada menos que un vulgar y cobarde asesino.
Hasta Juan Pablo II pidió perdón, cinco siglos después, a nombre de la iglesia católica, por los crímenes y vejámenes cometidos en nombre de la cruz en tiempos de la llamada conquista española. Tal parece que a Delgado Diamante se le hace un tanto más difícil aceptar su culpa y devolverle con una muestra de arrepentimiento sincero, aunque sea un minuto de consuelo a la esposa y familiares del desaparecido cabo Andrés García. En su lugar la viuda deberá conformarse con la soberbia y arrogancia propias de quien no ha despertado aún de la borrachera del poder que disfrutó de la mano de cientos de oportunistas militares y pelechadores civiloides quienes en mayor o menor medida fueron igualmente cómplices por acción u omisión de ese oscuro y terrible período que llenó de luto y dolor a nuestra república entera.
Es bueno saber, a final de cuentas que, aunque Daniel Delgado Diamante se rasgue las vestiduras y se desgañite ufanándose a los cuatro vientos de que no tiene nada que ver con el crimen del cabo Andrés García, esa piedra en el zapato lo acompañará hasta la tumba, si antes no lo acompaña también a la cárcel.
Entre tanto, es nuestra obligación ciudadana y civilista, seguir confrontando los hechos con la verdad, para que no se sigan produciendo las malsanas distorsiones de la historia, a la que nos tienen acostumbrados los corruptos de ayer, de hoy y de siempre, quienes intentan seguir abusando de la pésima memoria colectiva de nuestro pueblo. La justicia de los hombres primero y la justicia divina más tarde, esperan su turno; a menos,. claro está, que los civilistas y la gente honesta de este país dejemos adormecer también nuestras conciencias ante la tenebrosa e intimidante mirada de Orfeo.