Hay novelas que se deberían leer con las orejas, porque suenan: "Oía caer mis pisadas sobre las piedras redondas con que estaban empedradas las calles. Mis pisadas huecas, repitiendo su sonido en el eco de las paredes teñidas por el sol del atardecer". Así suena Comala: sepulcral y desierta. Hay las que se leen con el oído de la imaginación: Berthe Trépat errando notas en un piano de la Salle de Géographie un día de lluvia en París, un día de aguacero vallejiano, un día "tiempo de ratas" diría Oliveira. ¿Y el glíglico? El glíglico es música pura, se lea con los ojos, con las orejas o con las manos. 'Pedro Páramo' y 'Rayuela' suenan, con sonidos distintos pero suenan, 'Los detectives salvajes' de Roberto Bolaño no, o por lo menos no de la misma forma. A 'Los detectives salvajes' la música le entra por otro lado, por la espina dorsal de su estructura.
Si la novela de Bolaño fuera sonido en lugar de texto, su estructura musical sería un Tema con Variaciones, con una codetta final que retoma al material del inicio y lo extiende brevemente. Las variaciones cortas y con algunas modulaciones a tonos lejanos, pero siempre desarrollando el tema.
A Roberto Bolaño le bastó que en Nueva York periódicos tan influyentes en decidir lo que lee la gran manzana, como 'The New York Times', escribieran reseñas favorables sobre su obra y que alguien como Susan Sontag lo llamara "el novelista más influyente y admirado de su generación en el mundo de habla hispana", para que se diera la Bolañomanía.
De forma inusual, el popular programa de Oprah Winfrey dedicó una hora para recomendar su lectura. Patti Smith se lleva de gira a Lautaro Bolaño ?hijo del escritor? para que la acompañe en la guitarra las canciones que compuso para su padre.
Si la novela de Bolaño fuera sonido en lugar de texto, su orquestación sería exuberante, destacando los colores instrumentales de tantos y tan diversos narradores. Con dinámicas contrastantes, como los sitios que visita la novela. Pero sobre todo, a 'Los detectives salvajes' la música le entraría por la espina dorsal de su estructura: una doble estructura circular ?la del medio y la de toda la novela?, que al volver al inicio juega con el tiempo, que ya no es real, sino un collage de imágenes oníricas: "Porque las palabras que había oído hasta entonces, hasta entonces lo supe, no tenían ningún sonido, no sonaban; se sentían; pero sin sonido, como las que se oyen durante los sueños". Todo lo que empieza como sonido acaba como silencio.