SE LLAMABA Quiet Style, y era un potrillito como cualquier otro. No tenía, a simple vista, nada que pudiera distinguirlo del común de los caballos pura sangre argentinos.
Sus futuros dueños eran una pareja de uruguayos, quienes habían llegado a la Argentina con la idea de ir a ver de cerca algunos equinos que ya habían seleccionado en el haras La Biznaga.
Pero la casualidad pudo más. La avioneta que iba a llevarlos tuvo un desperfecto y finalmente no pudieron concurrir al destino elegido. Entonces, cambiaron su recorrido y se dirigieron al haras Clausán, que les quedaba aún más cerca y donde también podría elegir un equino.
Una vez allí, entre otros caballos pura sangre de exhibición, conocieron a Quiet Style. No era un animal sobresaliente, ni espectacular. Por ello su precio fue realmente bajo.
Al regresar a Montevideo, el equino no respondía bien a los primeros exámenes de salud, entonces tuvo que ser operado de una rodilla. A partir de ahí sus dueños decidieron que había que darle un nuevo nombre. Le pusieron Invasor. Algunos dicen que este nombre está relacionado con que era “un extranjero en tierra charrúa".
La operación resultó exitosa y así Invasor salió al ruedo. Comenzó compitiendo en la capital uruguaya. Su carrera creció vertiginosamente: ganó todo lo que corrió en ese país, incluidos los grandes premios que conforman la Triple Corona.
Su jockey de ese momento era Gustavo Duarte. Él siempre decía, en ésos días de gloria, que "el caballo ganaba casi solo". La historia cuenta que una vez Duarte comenzó a ejercitarlo sobre 1200 metros para luego correr el Gran Premio Nacional. Se estaban preparando. Sin embargo el caballo logró un tiempo increíble de 1 minuto y 13 segundos, entonces el entrenador reprendió al jinete por exigirlo de más en esa etapa de preparación.
Al recibir las reprimendas, el jockey se bajó de Invasor y le dijo al cuidador que él no había sido, que jamás se le ocurriría forzarlo en etapa de preparación. Correr es parte del alma del caballo, y se autoforzaba sin que nadie lo pida.
El crecimiento de Invasor lo hizo famoso en el mundo. Y, como los jugadores de fútbol que no duran muchos años en su club de origen, un príncipe llamado Hamdan bin Rashid Al Maktoum, ministro de Finanzas de los Emiratos Arabes Unidos, se enamoró de él.
Con una tentadora cifra difícil de rechazar, la pareja uruguaya lo vendió y el caballo viajó a Dubai para correr en otros torneos donde las apuestas son delirantes.
Sin embargo el viaje no le hizo bien: una vez allí consiguió un cuarto puesto frente a Discreet Cat, el único que logró vencerlo. Fue la única vez que perdió en su vida.
La otra historia de Invasor
Con una tentadora cifra difícil de rechazar, la pareja uruguaya lo vendió y viajó a Dubai.