En un completo desierto se ha convertido el Giancarlo Gronchi. Los hinchas que siguen visitando la casa del Tauro son unos verdaderos mártires.
Ayer, durante el encuentro entre el Tauro y la Policía Nacional, nos pudimos percatar que en esta cancha no se debiese jugar fútbol de primera división.
No hay fuente de agua, no se vende comida, los baños están en un estado deplorable y para ir a las gradas hay que pasar por una pequeña montaña.
Y cuando llueve, la cosa se pone peor, todos salen enlodados de esta cancha, que contradictoriamente alberga al Tauro, uno de los clubes más laureados del país.
Observar un partido en La Pedregaleña es como ver un juego de una liga barrial y eso que para entrar hay que pagar B/.2.00, cuando realmente la entrada debiese ser gratis por las malas condiciones en las que está este lugar, donde incluso hace algunos años se llegó a jugar partidos internacionales.
En la actualidad la gente ve los encuentros parados en cualquiera esquina o bajo cualquier árbol que le dé un poco de sombra.
Los aficionados que tienen carros los estacionan donde mejor les parezca, no hay control en eso, y sólo una malla separa al poco público de la cancha y por ende de los jugadores.
De vez en cuando el señor Alejandro Case se encarga que quitarle la sed a los parroquianos que visitan este escenario deportivo.
En un pequeño cubo vende unas pocas sodas y de esa manera se gana la vida y lleva el sustento a su casa.
Case es de la opinión que los directivos del Tauro tienen que brindarle más atención a sus hinchas porque a ellos se debe.
Oscar Niño, que hace algunas semanas dirigía a la Policía Nacional y que estaba presente ayer en La Pedregaleña, comentó que los jugadores se tienen que cambiar en cualquier parte.
"Esto es muy propio de nuestro fútbol, antes cuando tenía que dar la charla técnica, lo hacía hasta en un depósito que está cerca de la cancha", sentenció Niño.
Agregó que cualquier jugador puede sufrir una fuerte lesión porque la cancha está llena de huecos, que de vez en cuando son tapados con arena.
Juan Pousa, quien hace poco tiempo fue presidente de la ANAPROF y que hoy en día es directivo del Tauro, señala que el Gobierno tiene que poner de su parte y crear las infraestructuras necesarias para que los clubes como el Tauro funcionen a la perfección.
"Como tú ves la taquilla es poca, aquí vienen las veces que hay partidos unas 100 personas; con esa entrada no podemos hacer gran cosa", argumentó Pousa.
Indicó, además, que por lo menos el Tauro está haciendo deporte en el sector de Pedregal, donde hay grandes problemas sociales.
"Estamos aportando nuestro granito de arena, alejando a la juventud que practica el fútbol en nuestro club de las drogas, pienso que eso es positivo", dijo Pousa.
Mientras que Roberto "Tito" Claros, gerente administrativo del Tauro, enfatizó que están tratando de utilizar este estadio lo menos posible.
"Nosotros estamos haciendo de local en el Rommel Fernández, pero como ayer jugábamos con la Policía Nacional nos trasladamos para acá", señaló Claros, que es uno de los directivos del Tauro.