Recientemente y, después de mucho esperar, se instituyó en el Hipódromo Presidente Remón la jugada del "5 y 6 Ciego o Automático", sin que hasta ahora se tenga información exacta sobre el éxito o fracaso de esta iniciativa.
Injusto sería criticar la propuesta sin darle el tiempo suficiente para que se reproduzca y crezca, pero no está de más hacer algunas observaciones prácticas que pudieran incidir finalmente en que no muera el "5 y 6 Ciego o Automático".
Un elemental uso del sentido común nos mueve a inferir que si se mantiene el sistema actual, en el que para tener acceso (comprar) el "5 y 6 Ciego" hay que ir a una agencias de apuestas, vemos incierto el futuro del mismo.
Está hartamente probado que únicamente los hípicos de "tuerca y tornillo" se acercan y entran a las agencias de apuestas o asisten a las instalaciones del hipódromo y esa gente no representa el "público meta" del "5 y 6 Ciego". Al menos así lo entendemos nosotros.
Toca entonces a las autoridades competentes armar una estrategia de mercadeo más directa y que tenga como objetivo llevar el "5 y 6 Automático" a las manos de quienes no son hípicos cotidianos.
Lo anterior implica un ambicioso y, suponemos, costoso sistema de distribución el cual debe darse bajo el criterio de poner el producto al alcance de los consumidores. El "5 y 6 Ciego" debe venderse como si fuera un billete lotería: en los supermercados, en los semáforos, en las aceras y en los centros comerciales, para citar algunas áreas claves.
Quiere decir entonces que hay que invertir algo de dinero en más promoción y en un contingente humano que se encargue de llevarle al público "no hípico" el "5 y 6 Ciego" a sus manos.
El sistema actual, en el que hay que ir a las agencias y pedir que le den un 5 y 6 Ciego, fundamentalmente está dirigido a los hípicos comunes, los cuales por naturaleza tienen la tendencia a apostar a su propia mano y seguramente no ven en el "5 y 6 Automático" una atracción.
Sabemos que hay otros aspectos que considerar, como lo son la hora en que se emitirán los boletos, las máquinas que se emplearán, como serán distribuidos y la hora de cierre para cancelar los formularios que no hayan sido vendidos, pero la peor diligencia es la que no se hace.