Hasta hace menos de un año, el estadounidense Tiger Woods era el deportista mejor pagado del planeta y era el número uno del golf mundial, con récord de permanencia incluido. Pero parece que ha pasado una eternidad.
Junto al momento en que se destapó el escándalo sexual de sus infidelidades matrimoniales, esta semana que pasó ha sido una de las peores de su carrera.
El viernes quedó fuera del torneo PGA de Estados Unidos, que se jugó en Atlanta, tras no superar el corte en la segunda ronda de la competición. Y descendió al puesto número 30 de la clasificación mundial.
En 1999, tras solo 42 semanas jugando como profesional, consiguió llegar a número uno del mundo, todo un récord en aquel momento. Desde entonces, en los once años que lleva jugando “Grand Slams” -ha competido en 56-, es solo la tercera vez que queda descalificado.
Es el colofón a una semana en la que ha visto ganar junto a otro golfista a su “caddie” de siempre, Steve Williams, del que se separó recientemente. Además, la noticia de su eliminación llega como un jarro de agua fría para su economía, mucho menos boyante por su falta de victorias.
En los últimos tiempos, y pese a haberse mantenido fuera del terreno de juego durante largas temporadas, sus cuentas bancarias se mantuvieron bien saneadas gracias a los contratos millonarios con sus patrocinadores. Algo que podría empezar a cambiar.
Según la cadena CNBC, si este año termina en el puesto 28 o peor, ganará menos de $1 millón por su juego.