Primeramente, quiero darles las gracias a la Licenciada Roxana Méndez y a la Junta Directiva de Casa Esperanza por brindarme esta oportunidad de compartir con ellos y ustedes este evento de tanta trascendencia e interés. Yo, al igual que muchos otros funcionarios de la Embajada Americana, hemos visitado las instalaciones de Casa Esperanza y conocemos de primera mano la loable labor que su personal está llevando a cabo. Espero que logren alcanzar todas sus metas para así seguir iluminando para los niños pobres de Panamá el sendero hacia un futuro prometedor.
Ha sido para mi un gran placer y un honor el haber viajado por todo este maravilloso país visitando sus ciudades, sus poblados y remotos caseríos en las montañas y a lo largo de sus costas. He llegado a conocer realmente al pueblo panameño, y como ustedes saben, esto me ha permitido desarrollar un profundo afecto por él.
Durante mis viajes pude apreciar muchos aspectos acerca de Panamá. El más importante es: que los panameños son gente trabajadora, tranquila, generosa y perseverante. Sin embargo, me causa mucha tristeza ver el flagelo de la pobreza rural y urbana que tanto pesa sobre ellos.
Lo que he visto me preocupa y deseo compartir con ustedes esta preocupación.
En septiembre pasado, hablé sobre el asunto de la gobernabilidad. Y ahora, como en ese entonces, hago estos comentarios, no como una extranjera que regaña e intimida y luego se marcha, sino como una amiga con el sincero deseo de ayudar. El Secretario de Estado Colin Powell dijo durante su visita con motivo de la celebración del Centenario de Panamá: "No seríamos amigos del pueblo panameño si no somos honestos respecto a lo que vemos y a lo que consideramos que los panameños deberían ver".
Por consiguiente, como amiga, deseo compartir algunas de mis preocupaciones en cuanto a la pobreza en este país. Un alto porcentaje de panameños viven en abrumadoras condiciones de pobreza. Al respecto podemos leer sobre ello en numerosos informes gubernamentales e internacionales, pero no se necesita leer estos informes para comprender la magnitud de la tragedia humana que se está desarrollando aquí.
Solamente hay que observar las calles de Curundú, o el centro de Colón, o las comunidades remotas de los Ngobe-Bugle. Allí encontraremos el verdadero significado de estos informes económicos. Debajo de la apariencia de riqueza y de éxito comercial - que no son examinados en los informes estadísticos del más alto producto interno bruto en la región, y fuera de la zona libre, los puertos internacionales y un canal de primera clase -- se desarrolla una historia de un gran número de panameños que luchan por comer, vestir a sus hijos y educarlos, y para encontrar algo de seguridad y felicidad en esta tierra.
Cuando se pierde la esperanza, la pobreza puede llevar a una inestabilidad que sobrepasa fronteras.
En mi propio país se lucha contra la pobreza y sus efectos. Esto se ha estado haciendo por más de un siglo. En 1933 Franklin Delano Roosevelt encontró que una tercera parte de nuestra población estaba mal alimentada, mal vestida y que sus viviendas eran inadecuadas, y decidió actuar. Su administración marcó el comienzo de una revolución social en Estados Unidos que continuó con la Guerra contra la Pobreza de Lyndon Johnson, durante la década de los 60. Esta situación hoy continúa, en tanto que nuestro gobierno, la comunidad empresarial, las organizaciones religiosas y una red de organizaciones no-gubernamentales, ahora más importantes que nunca, trabajan para mejorar las condiciones de vida y brindar mejores oportunidades a sus residentes más pobres.
Hemos sacado a muchos ciudadanos de la pobreza y tenemos un sistema de educación que ayuda a afrontar los peores efectos de la pobreza. Cuando fracasaron nuestros intentos de abordar estos problemas adecuadamente en Estados Unidos durante la década de los sesenta, nos enfrentamos a una revolución urbana de disturbios sociales y violencia. Por este motivo me dirijo a ustedes hoy, no como quien tiene todas las respuestas, sino como una amiga que teme los problemas que pudieran tener en el futuro si persiste el actual estado de cosas.
La condición de pobreza en Panamá es seria. Los que hoy nos encontramos aquí, que tuvimos nuestras tres comidas ayer y esperamos lo mismo para hoy y mañana, no debemos ver esta miseria únicamente a través de la compasión. Sentimientos de compasión hacen que queramos aliviar el sufrimiento de aquellos que a duras penas logran alguna forma de vida para sí mismos y sus familiares, con menos de un dólar diario.
Pero además de los sentimientos, por nuestra propia conveniencia debemos preocuparnos por atender la miseria y la pobreza que observamos. La pobreza, y el desespero que produce, pueden conducir a consecuencias sociales y políticas que no se limitarían solamente a los pobres; se extenderían y crecerían hasta amenazar la salud de toda la colectividad política.
La pobreza no es solamente un problema de los pobres; debe ser una inquietud de todos los panameños. Y por razones de lógica, la pobreza panameña no sólo debe preocupar a los panameños. Cuando se pierde la esperanza, la pobreza puede llevar a una inestabilidad que sobrepasa fronteras. Todos debemos pensar en el costo social y político que tendríamos que pagar si no se enfrenta la pobreza con seriedad.
80 personas, muchas ligadas por lazos empresariales y familiares, controlan cerca de la mitad del producto anual bruto de Panamá
Dimensiones de la Pobreza ¿Qué queremos decir cuando hablamos de la pobreza? Veamos algunas estadísticas. Cuando hablo de la pobreza, me refiero a los 1.2 millones de panameños que viven con menos de dos dólares diarios. Eso es más del 40% de la población. De esos 1.2 millones que viven en la pobreza, la mitad viven en extrema pobreza, lo que significa que subsisten con menos de un dólar diario. En términos más sencillos; uno de cada cinco panameños vive con $30 al mes --lo que nosotros gastamos en una salida familiar al cine, incluyendo el pop corn y la soda.
Este en un país con ingresos anuales per capita de casi $4,000. ¿Dónde está este dinero? Panamá ocupa el segundo lugar en el hemisferio en cuanto a desigualdad en la distribución de ingresos. El 20% de la población adinerada devenga el 60 % del ingreso anual del país, mientras que el quinto más pobre percibe solamente el 2%. Un estudio de la Universidad de Panamá ha mostrado que un grupo de aproximadamente 80 personas, muchas ligadas por lazos empresariales y familiares, controlan cerca de la mitad del producto anual bruto de Panamá.
La pobreza y la extrema pobreza se concentran en el interior. Sesenta y cinco por ciento de la población rural viven en la pobreza. Las áreas indígenas sufren la pobreza más extrema. Más del 95% de los residentes de las áreas indígenas (unas 200,000 personas) son pobres y el 86% viven en extrema pobreza. Los más afectados son los Ngobe-Bugle, el grupo indígena más grande de Panamá, seguidos por los Embera-Wounaan.
Sin embargo, la pobreza no es un problema rural únicamente. La pobreza urbana es evidente en El Chorrillo, San Miguelito, Colón y muchas otras comunidades pobres.
Hablemos de los niños panameños. Más del 16% de todos los niños panameños menores de 5 años (cerca de 50,000) sufren de alguna forma de desnutrición. La incidencia de la desnutrición se refleja en los patrones geográficos y étnicos de la pobreza; la mitad de todos los niños en áreas indígenas sufren de desnutrición y la más alta incidencia se encuentra entre los Ngobe-Bugle.
Reconozco que muchos panameños son conscientes de estos problemas y deseo felicitar a las organizaciones como Nutre Hogar, Pro Niños del Darién, y por supuesto, Casa Esperanza; ellos están haciendo todo lo posible para abordar el problema de la desnutrición infantil.
Les acabo de señalar muchas estadísticas... son solamente números. ¿Pero qué significa la pobreza en términos humanos?
El Banco Mundial define la pobreza de la siguiente manera: "La pobreza es hambre. La pobreza es falta de techo. La pobreza es estar enfermo y no tener asistencia médica. La pobreza es no poder asistir a la escuela y no saber leer. La pobreza es no tener un
trabajo, es miedo al futuro incierto. La pobreza es perder a un hijo por falta de agua potable. La pobreza es desamparo, es la falta de representación y de libertad."
He tenido la oportunidad de visitar muchos lugares de este país. En un viaje a Darién, estuve en un pequeño pueblo cerca de Jaqué y pude hablar con las mujeres de ahí. Me llamó mucho la atención que todas, hasta niñas de 13 o 14 años, parecían estar embarazadas o con niños pequeños en brazos. Era obvio que tenían hambre. Uno de los niños tenía una quemadura infectada en un pie. Yo no ví letrinas, y el pozo de agua comunal del pueblo no parecía funcional. Yo siempre llevo conmigo muestras de champú y jabón - los retiro de los hoteles cuando viajo - y las regalé a las señoras, y otros artículos como crayolas y libros de colorear para los niños. Dudo que ellas en sus vidas hayan tenido champú. Estas eran mujeres y madres como ustedes y como yo, con la misma fisiología y necesidades. Imagínense la vida de ellas.
Escenas similares con pequeñas variantes son las que he experimentado en varias partes de Panamá.
Más allá de la tragedia personal Por razones de solidaridad humana nos mueve el deseo de aliviar el sufrimiento de nuestros conciudadanos. Pero existe otro aspecto de la pobreza que nos debe afectar de otra forma, además del modo conceptual: la pobreza, la desigualdad y la miseria que ella produce, inevitablemente ponen en peligro la sociedad democrática que tanto apreciamos. La pobreza es responsable del incremento de la criminalidad. Panamá goza ahora de la reputación de ser un país seguro. ¿Realmente desean invertir su dinero en guardias de seguridad, autos blindados, cercas y sistemas de alarmas?
De continuar el status quo en el futuro, el crimen, la decadencia social y la sublevación anti-democrática serían posibles resultados.
¿Desean estancar una floreciente industria turística por miedo a la inseguridad? Colón, una de las regiones urbanas más pobres, es también un puerto de escala para un gran número de cruceros. En estos momentos, los buses de turismo llevan pasajeros por la ciudad sin siquiera hacer una parada en esta, otrora, hermosa y productiva ciudad. ¿Porqué no iniciar un ciclo que restaure la confianza y traiga actividad económica saludable relacionada con el turismo?
La pobreza crea una espiral de desintegración social. Las familias pobres son, con frecuencia, familias divididas. A los niños pobres se les priva del alimento adecuado, de la ropa, la educación y, lo más importante, de esperanza.
Tal y como lo demostraron las elecciones más recientes, los panameños buscan un cambio. Panamá debe sentirse orgullosa, con justa razón, del éxito de la democracia electoral. Pero todos sabemos que la democracia es mucho más que las elecciones. Los exitosos sistemas democráticos deben mostrar resultados que beneficien al pueblo y mejoren su bienestar. Cuando existen grandes números de personas que ven que su participación política no trae como resultado cambio alguno o prospectos de cambio en sus vidas cotidianas, se sienten tentados a abandonar las prácticas democráticas y a buscar a un demagogo carismático que promete mejoras al cambio del poder autocrático. Esto que les digo, no es un cuento de hadas, sino una historia que observamos ahora aquí en nuestro hemisferio.
De continuar el status quo en el futuro, el crimen, la decadencia social y la sublevación anti-democrática serían posibles resultados. ¿Qué se puede hacer? La educación y la atención a la salud es parte vital de cualquier plan para enfrentar la pobreza. Sin educación, no se puede competir en el mercado laboral. Sin un sistema de salud pública orientado hacia la prevención de enfermedades, los pobres no podrían mantenerse en el mercado laboral suficiente tiempo para salir de la pobreza. Un sistema de salud pública efectiva debe proporcionar los recursos adecuados en lugares accesibles para la población. Los edificios de hospitales no proporcionan atenciones de salud. Una adecuada atención médica se logra con profesionales y la disponibilidad de instrumentos necesarios para realizar sus labores.
Es imprescindible un enfoque en las mujeres y niñas. Es importante que a las niñas no se les considere menos importantes, especialmente en cuanto a la educación en áreas rurales. Son las futuras madres y son las que nutren a las sociedades, las que crían los hijos, imparten valores y actitudes a las próximas generaciones. Las madres mejor educadas tienen hijos más saludables y mejor educados. El invertir consistentemente en salud y en educación pública está directamente relacionado con el crecimiento económico de un país.
El futuro crecimiento económico de Panamá depende de la ampliación del sector privado -- en turismo, servicios e industria ligera.
Es preciso brindar apoyo a las familias para eliminar la necesidad de que los niños trabajen. Deseo felicitar a Casa Esperanza por la labor que lleva a cabo de reducir el trabajo infantil, y destacar especialmente a Roxana Méndez por sus esfuerzos. Las familias no envían a sus hijos a trabajar a tan corta edad porque así lo desean. Los niños trabajan cuando la familia no puede reunir suficientes ingresos para su sustento. La reducción del trabajo infantil debe ser el objetivo de cualquier programa de reducción de la pobreza, pero necesitamos proporcionar alternativas como fuentes de ingreso para mantener a los niños alejados de la calle.
Las organizaciones no-gubernamentales, incluyendo los grupos religiosos y filantrópicos, desempeñan un papel importante al hacer frente al reto de reducir la pobreza en este país; no, mas bien eliminarla. Estos grupos son ejemplo de los más altos estándares de solidaridad social y voluntarismo. Deseo destacar organizaciones como Casa Esperanza, Fundamujer, Fundación Pro-Niñez, Hábitat para la Humanidad y muchas otras que trabajan en esta área. Exhorto a todos a que consideren medios mediante los cuales se pueda apoyar a esta gran red. Me ha impresionado mucho el compromiso del panameño con estas causas. Felicito a las muchas personas que se dedican a ayudar a sus conciudadanos a través de estas actividades de tanto mérito.
El futuro crecimiento económico de Panamá depende de la ampliación del sector privado -- en turismo, servicios e industria ligera. Esto traerá más empleos y expandirá los beneficios que trae el crecimiento. Sin embargo, para que el sector privado tenga éxito, el gobierno necesita evitar el amiguismo y el tipo de burocratización excesiva que ahora observamos. El sector privado necesita un gobierno que le permita actuar y crecer de acuerdo con la demanda del mercado.
Una manera de ayudar al sector privado es reduciendo la carga de regulaciones innecesarias y la burocracia. Empezar un negocio, registrarlo, conseguir crédito -- estos procesos se entorpecen por la intervención estatal innecesaria. El gobierno debe mantener únicamente la regulación necesaria para asegurar el bienestar común. Muchas regulaciones gubernamentales crean obstáculos a las empresas, forzando al pequeño y micro empresario hacia el sector informal.
Cualquier estrategia de reducción de la pobreza debe reconocer el papel de la gobernabilidad. Cuando hay desconfianza en las instituciones gubernamentales que deben ser justas y equitativas, las personas tienden a buscar soluciones fuera de la ley. El imperio de la ley y la seguridad jurídica son esenciales si Panamá pretende dar el salto al siguiente nivel de un verdadero desarrollo económico.
Hay que controlar la corrupción si se quiere reducir la pobreza Ligado a la seguridad jurídica está el concepto de la transparencia y la anticorrupción. Tal como lo mencioné en septiembre pasado, la corrupción corroe y obstaculiza la fluidez de la labor del gobierno y de la empresa. Por consiguiente, la corrupción es censurable desde el punto de vista moral; pero igualmente es censurable desde el punto de vista económico. La corrupción es la transferencia neta de la riqueza de sectores productivos hacia los sectores no productivos. Es un impuesto para los pobres, una carga para el ciudadano común y produce decisiones gubernamentales que son contrarias a la eficiencia económica. Hay que controlar la corrupción si se quiere reducir la pobreza.
Considero que Panamá se encuentra en un momento crucial, y que los próximos cinco años son decisivos. El gobierno de los Estados Unidos de América trabajará con el gobierno de Panamá para ayudar a disminuir la pobreza
Primero. El Acuerdo de Libre Comercio, que ya está en trámites de negociaciones, conducirá al incremento de la inversión estadounidense y otro tipo de inversión en Panamá, generando empleos y crecimiento económico. También facilitará la innovación y la competencia interna de Panamá, incluyendo las del sector agrícola, lo cual producirá mayores exportaciones y precios más económicos para los alimentos básicos y los artículos de consumo.
Segundo. Apoyaremos a esas organizaciones y a los particulares que buscan una reforma y la modernización que conduzca al incremento del escrutinio público del gobierno y la reducción de la corrupción. Financiaremos programas dirigidos a la reforma del gobierno y que conduzcan a una mayor transparencia. La Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) brinda apoyo a los esfuerzos de la sociedad civil para fortalecer la lucha contra la corrupción.
Tercero. La USAID continuará con sus proyectos comunitarios para la reducción de la pobreza, especialmente para resolver problemas de agua y otras necesidades básicas. La USAID está apoyando a las comunidades en Darién, por ejemplo, a mejorar las escuelas, construir sistemas comunitarios de acueductos y escuelas, utilizando mano de obra local y liderazgo de los mismos pueblos.
Cuarto. Me siento muy contenta porque nuestra Embajada está desempeñando un pequeño papel en el mejoramiento de los sistemas de salud y educación de este país, a través de nuestros programas de intercambio Fulbright y Humphrey. De hecho, en el mes de agosto, un reconocido médico panameño estará participando como becario Humphrey en un programa de investigación en Estados Unidos sobre prevención de enfermedades. También, El Instituto Smithsonian de Investigación Tropical estudia las diferentes maneras de prevenir enfermedades que tendrán aplicación global.
Quinto. El Cuerpo de Paz, la organización estadounidense de desarrollo, continuará creciendo y ubicando voluntarios en las comunidades más pobres de Panamá. Actualmente, más de 140 voluntarios que prestan servicios se encuentran en todas las provincia laborando en proyectos de aguas, sanidad, desarrollo económico, conservación ambiental, producción agrícola y educación sanitaria. Casi el 40% de los Voluntarios del Cuerpo de Paz se encuentran trabajando en comunidades indígenas que sufren desproporcionadamente de pobreza, enfermedades, desnutrición y analfabetismo. Al desarrollar amistades duraderas y proveer asistencia técnica en el ámbito de las comunidades, el Cuerpo de Paz ayuda a las personas a escapar de la pobreza.
Sexto. Nuestra Oficina de Cooperación de Defensa ofrece varios proyectos humanitarios para ayudar a las comunidades panameñas. En el próximo año, brindará financiamiento para proyectos con el fin de construir centros comunitarios y salones de clases por todo el país. Médicos del ejército de los Estados Unidos visitan comunidades pobres suministrando la ayuda médica básica que tanto necesitan. En el 2005, el programa de Nuevos Horizontes construirá clínicas y escuelas en comunidades aisladas de la Península de Azuero.
Siete. Finalmente, organizaciones privadas voluntarias y filantrópicas de Estados Unidos continuarán trabajando en Panamá. La Coordinadora de Proyectos Sociales de la Embajada ayuda a las organizaciones panameñas a conseguir socios en Estados Unidos que desean brindar asistencia a Panamá. Su oficina ha sido clave en la organización de la cooperación con grupos como Hábitat para la Humanidad y Amigos de las Américas.
Estoy aquí por invitación de Casa Esperanza y quiero compartir con ustedes unas reflexiones basadas en el trabajo de ellos. Hace un par de meses, un grupo de estudiantes universitarios norteamericanos pasó una semana aquí en Panamá trabajando en Casa Esperanza. Este grupo era parte de una gran red de estudiantes de los Estados Unidos que participan en un programa que se llama "Alternative Spring Break" o "vacaciones primaverales opcionales". La idea era, que en vez de pasar una semana en Cancún o Disney World, ellos realizarían un trabajo social que brindara beneficios a otros.
El grupo de ocho jóvenes, trabajó toda la semana, de 8 a 5, en Casa Esperanza, no solamente en el centro de Bella Vista, sino que también fueron todos los días a los sitios en la ciudad de donde proceden los niños - Chorrillo, San Miguelito, Curundú, y también al vertedero. Todas las noches se sentaban a reflexionar sobre los acontecimientos del día. Uno de los estudiantes era mi hija Laurie. Les quiero relatar las impresiones del grupo.
Vieron niños descalzos caminando por calles en donde había vidrios rotos y lodo. Riachuelos de aguas negras que corrían al lado y debajo de las casas. Familias de 4 y 5 personas que comparten un colchón sucio y mojado. Niños tomando agua de latas usadas y sucias.
Los trabajadores sociales de Casa Esperanza, una gran inspiración. El amor y el afecto de la gente de Casa Esperanza para los niños y las familias.
El respeto por los clientes que mostraba el personal de Casa Esperanza. Los trataban como hermanos; jamás con desprecio. Y algunas impresiones mas:
Los niños tienen sueños, aspiran ser policías, abogados y hasta presidentes de la república; Aun cuando padecen de mala nutrición y llevan cicatrices que evidencian las dificultades de sus vidas, los niños quieren aprender y poseen determinación y espíritu.
Ellos anhelan los abrazos y las muestras de afecto. Otros aspectos - lo que más llamó la atención de mi hija de 20 años: En Curundú, la cantidad de afiches políticos y el número de niños que llevaban camisetas de los candidatos. Para ella, era como un simbolismo de desesperación y de promesas incumplidas.
La gran brecha que existe entre los que tienen mucho y los que no poseen nada. Imagínense la impresión de ir al vertedero, donde vieron niños jugando en la suciedad - y luego ir a la casa de un amigo mío panameño para cenar entre el lujo de su piscina.
Yo percibo que mi función aquí de embajadora es no solamente representar al gobierno de Estados Unidos, sino mucho más. Represento al pueblo de mi país ante el pueblo panameño. El servir de puente entre nuestros dos países es mi misión. Una parte importante de mi trabajo es la de transmitir una descripción de Panamá a mis conciudadanos y también ayudar a los panameños a entender los valores fundamentales de Estados Unidos. Tanto los panameños como los estadounidenses compartimos un interés común por nuestros ciudadanos. La generosidad y la bondad son características de ambas sociedades.
El pueblo estadounidense, a través del gobierno y los esfuerzos privados, está comprometido a hacer su contribución para ayudar al panameño de escasos recursos. Igualmente, solicito de ustedes una atención y acciones urgentes.
Muchas gracias.
La pobreza es responsable del incremento de la criminalidad
Nota del Editor: Linda Watt ha vuelto a sorprender a la sociedad panameña con señalamientos implacables. Este 29 de junio la embajadora de EEUU en Panamá habló en un hotel de la localidad sobre un tema crucial, la pobreza, subrayando causas y preocupaciones compartidas por muchas personalidades y organizaciones panameñas, citando ejemplos de su país, más que como una crítica como una amiga de Panamá. Por su trascendencia reproducimos completas sus palabras.