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La poesía es como una lotería de gustos y carambolas

"En la poesía, los poetas deben recuperar su sagrada misión de no dejar morir el fuego que alumbra la vida. Si la violencia, el miedo o la estupidez nos ganan, estamos perdidos. Sigo apostando por la esperanza, pese a mí mismo. Contra la poesía, nada. Ella es vida".


Moisés Pascual ha ganado dos veces el Premio Ricardo Miró, el más importante de las letras panameñas. Pero el galardón más significativo se lo otorgan sus estudiantes - los jóvenes- de la Escuela Internacional de Panamá quienes disfrutan al escucharlo hablar durante la hora y media sobre algún cuento, sobre el teatro griego o sobre la poesía latinoamericana en las clases de literatura que les dicta a diario.

Con su verbo - o su verso- emotivo, directo y controversial, el poeta habla con satisfacción sobre la respuesta que recibe de los estudiantes provenientes de más de 25 países, a los cuales tiene la posibilidad de conectar mediante la palabra y los libros.

 

Pero las inquietudes del ganador del Premio Miró (2010) en la sección poesía trascienden el salón de clases para repercutir en el hombre, en la sociedad y en la razón de ser del panameño. Atender sus reflexiones confirma que sus estudiantes tienen razón cuando dicen: “Profesor, usted es un monstruo”.

Si dudan de lo que dicen los discípulos, deténganse a reflexionar sobre esta sentencia de Moisés: “Si mis poemas fueran pan o zapatos, los niños del mundo serían más felices”.

 

DíaD estuvo frente a frente con este “monstruo” de la poesía panameña y lo que sigue es el resultado de ese pulseo.

Moisés Pascual (MP):Los premios literarios son un “mal” necesario. Son importantes, y no. No hay por dónde. Ni el Estado ni la empresa privada invierten en metáforas. La sociedad va dando tumbos entre comer o sobrevivir. ¿La poesía? Esto es como una lotería de gustos y carambolas. Te da un dinerito para pagar cuentas, un diploma, una medalla (no sé si es de oro, todavía no la llevo a la casa de empeño. Espero sea de oro), una publicación, y algo de intriga y escándalo. Algunos piensan que te haces “rico” si te ganas el “Miró”. Da risa. Somos muy pobres, espiritualmente. La noticia en prensa es más chiquita que la crónica de un asesinato o un robo. Aquí para publicar debes meter la mano en el bolsillo y salir a la calle a vender poemas como mangos. Yo no vendo ni mangos ni poemas. Ser poeta es ser la voz de una conciencia en libertad. Es una trascendencia hecha con lenguajes, realidades íntimas y sueños. Ser poeta es sobrevivir en un mundo demasiado egoísta y tecnificado. Todo es oro, marca, prestigio, corrupción. Ser poeta es una forma de ser y estar en paz, y en rebeldía. Yo no vendo mangos ni poemas, los cambio por botellas, o por afectos, o por otras palabras más amables. Los poemas están ahí, tú los tomas o los dejas. La poesía es como un árbol. Yo escribo, no para que me lean, sino para no ser olvidado. No sé. Es un testimonio de vida. Es un ser y estar. Yo escribo para no morir de muerte natural. Yo creo que aquí es más fácil vender agua en botella, organizar culecos con ron, inventar proyectos inverosímiles, pero nunca ser poeta, y menos, bombero, voluntario. Soy poeta por amor a las palabras y al mundo, a lo que queda y puede ser salvado.

MP:El estado actual de la poesía que se hace en Panamá no tiene indicadores ni estadísticas. La poesía no es como la economía o el turismo. No puedes medir ingresos ni per cápita, ni esas cosas. Hay muy pocos poetas para ser 3 millones y algo. Hay más desempleados o gente que vive en la marginalidad. La poesía necesita de otra calidad, de otra mirada. Hoy hay muchos jóvenes escribiendo con talento y disciplina, creen en lo que hacen, y eso es bueno. La poesía fluctúa entre tradición y modernidad, posmodernidad, antipoesía, metapoesía y otras posibilidades. Existen voces similares, pero no hay, diría una voz que pegue el grito y llegue al cielo de la poesía, para decir “qué bárbaro”. Nuestra poesía actual es muy plana. Seguimos siendo herederos de románticos y modernistas, y de vanguardistas superados. El futuro será de los que se atrevan. Hay poesía, existimos, y eso es bastante.

 

MP:Por razones históricas... etc., la poesía de hace 20 o 25 años atrás tenía la urgencia del compromiso político, social, la protesta, el panfleto. El mundo no ha cambiado mucho, en su esencia, los males siguen siendo los mismos, pero ahora la miseria tiene BlackBerry y TVcable, sí, pero la poesía de hoy se dispara por la forma, los lenguajes, las intimidades y otras cosas, y puede parecer evasión, pero ya no se vive con ese ritmo y esa intensidad de transformar, como antes. Sin darnos cuenta hemos sido domesticados. Vivimos en el conformismo o la indiferencia. Vivimos en las ramas. Quienes intentan hacer cosas nuevas, o rescatar las viejas tertulias, ir a las raíces, inventar futuros, parecemos locos o gente de otro planeta. Los poetas debemos seguir en nuestro insomnio, romper el miedo e ir más allá.

MP:Los poetas no cumplen ningún papel protagónico en ningún tiempo. Acompañan procesos, se nutren de ellos, caminan dentro, pero no creo que sean protagonistas sociales. Algunos se quedan en sus torres de marfil. Solo miran. Pueden ser protagonistas de su poesía o su arte, pero hasta allí. Los poetas no son héroes ni se inmolan por causas como antes. Vivimos otros tiempos. Luchamos de otras formas. O quizás el monstruo es más grande y tiene más cabezas y lenguas venenosas. Esos romanticismos de poetas en armas, muriendo por la patria sobre sus viejas máquinas de escribir resultan historietas, quimeras. Hoy los poetas usamos corbatas, tenemos 4X4, y aspiramos a jubilarnos sin morirnos de hambre. Hoy en la poesía hay mucho marketing, showy publicidad. Los poetas sobreviven. Los novelistas son los grandes héroes que venden millones de ejemplares y se hacen ricos de la noche a la mañana. Ricky Martin sale del clóset y todos lo leen, con prólogos de Deepak Chopra y Paulo Coelho. Eso lee la gente. Se está creando una cultura de morbo, sensacionalismo y mediocridad cruel. Esperar de los poetas grandes epopeyas, ya es cosa del pasado. De a suerte hay agua y aire para respirar. No dejar de escribir con pasión es quizás la forma más grande de heroísmo, ganarle al silencio.

MP:Puede que sí, y puede que no, depende de qué tan sensible e inteligente sea el lector, la sociedad y el poeta. A veces somos oscuros, abstractos. No todo el mundo entiende o le interesa la poesía. La gente se pierde. Tiene otras prioridades. También depende de circunstancias, que los libros se escriban, se impriman, circulen y se lean. Influir en la conducta, no sé hasta qué punto. Soy poeta, no psiquiatra. Quizás compartir mis visiones, mis sueños, amores y dolores. Dar testimonio. Dibujar puertas. Abrir ventanas. Es más posible que influya como espejo y la gente se mire en nosotros como parte de una misma humanidad con rostros distintos. De rebote, o reflejo. No pretendo curar a nadie. No soy médico. Soy poeta, escritor, narro historias, aunque a veces diagnostico en mí terribles males sociales y humanos que no sé si tienen cura.

 

MP:Sí. Soy incurable como corrector de mí mismo, perfeccionista, enfermizo. Cuando leo algo mío, después de un rato quiero cambiar versos o líneas, o estrofas, metáforas. Me encanta destruir lo que hago, soy como un niño o un alfarero. Nunca estoy contento del todo. Siempre algo me falta. Es una nostalgia perpetua. No sé. Y no sólo me pasa con mi poesía, tomo a Neruda y a otros, y quiero cambiarle cosas. Quiero jugar más, darle más forma, más sustancia. Pero ya es tarde, la cosa está hecha. Eso es lo malo de los concursos o de publicar desde muy joven, luego vienen los arrepentimientos o el descubrimiento de nuestras imperfecciones. Creo que al final todo el arte, el poema es infinito. Nunca está acabado. Eso es bueno. Siempre es posible volverlo a hacer mejor. Lo malo es equivocarse y dañar la cosa, como una pintura, una sinfonía o una escultura. La poesía todavía resiste mazo y cincel. Otra cosa es la vida. La vida, sí es irreparable.

MP:César Young debe saber más que yo de estas cosas, dramas y tragedias, naufragios y viernes. Turbadora, sí, filosa, a veces. Diría dolorosa, pero también tierna e inocente. Siempre entre amorosa y dolorosa, pesimista, sombría, pero alegre y luminosa, llena de sorpresas y heridas. Aunque a veces parece que se repite en temática y en formas, siempre parece nueva, siempre está buscando giros, ritmos, acentos, cosillas. Vive en las eternas paradojas, incertidumbres, dudas, nostalgias, esperanzas. Siempre entre la vida y la muerte. Entre la ceniza y el fuego. Y en donde pasado, presente y futuro parecen ser un mismo tiempo. Es una poesía muy cerca de la antipoesía y las viejas formas líricas. Yo tampoco propongo nada nuevo. Es una continuidad de mis creencias, quizás con más respeto y trabajo por las formas, pero con la humanidad siempre como centro. Igual pensaron de mi poesía Manuel Ruano, de Argentina, y Enrique Noriega, de Guatemala. Los libros deben defenderse solos, sin padrinos ni amantes.

MP:Sí, un refugio, pero no contra bombas ni pestes. Te salva algo, pero no de todo. Puede ser también un oasis, con agua limpia y cristalina. Un lugar de paz, pero tam bién de tormento, fiebre, dolor y agonías. El éxtasis no dura mucho. Los placeres pueden ser imaginarios. Puede ser, sí, un infierno. Ves y sientes cosas, sufres, aunque también gozas. La poesía está muy cerca de la profecía. Si es para noticias buenas, bien, pero también puede ser una visión del apocalipsis. La palabra se goza, convoca, reúne, magnetiza. No creo que se consuma. Eso suena muy mundano, rústico. Se disfruta. Es y debe ser como el buen vino. Se deleita. Se consumen productos y cosas como latas, botellas, cajas, mentiras, trampas, promesas. La poesía puede ser también un puerto, una ventana, una sonrisa, una ráfaga de viento y cenizas, y también fuego. No se nota mucho, pero también quema por dentro. La poesía debe ser como al agua, debe quitar la sed, llenar el alma, inundar los sentidos con belleza.

MP:En Panamá no se consume poesía ni pescado ni vegetales en cantidades suficientes. La poesía que se produce es la que es, y puede ser más. Más bien deberíamos pensar en calidades, en mercados, en circuitos y en modos de distribución, de modo tal que la poesía y la literatura que se hace en el país llegue a todas partes, en todos los rincones. Que se reparta a manos llenas. A todas las escuelas, por ejemplo. Se requieren más apoyos y coordinaciones, conjugar esfuerzos. Crear canales, espacios. Generar más docencias, talleres, editoriales, concursos, ferias, etc. Eso es posible. Creo que es destacable el esfuerzo que realizan escritores jóvenes, y no tan jóvenes, en publicar sus propias obras, con dignidad literaria, con talento y esfuerzo, con creatividad editorial. Libros bonitos, atractivos. Hace falta más, por supuesto. Valoro como positivo la realización del Festival Internacional de Poesía Ars Amandi, el año pasado. Un festival con invitados de otros países, tal como ocurre en las grandes ciudades del mundo. Este va de nuevo, en septiembre. Yo creo en eso, y apuesto. Pero se necesita, insisto, más poyo del Estado, la empresa privada y otras instituciones. Deben atreverse a invertir en cultura, tal como se hace con el turismo o el deporte. El esfuerzo vale la pena. La cultura es un derecho y la poesía forma parte de ella. Destaco también la realización del Festival de las Artes de San Francisco de la Montaña, mucha gente se reúne alrededor del arte, y eso es bueno. Al igual que otros eventos que merecen mejor suerte. Sí, debemos consumir más poesía, nuestra y universal. La poesía alimenta al espíritu y a los sueños. Hace años aquí la gente no daba un real por el "jazz", y ya ves, vino Cholo Pérez y puso a Panamá en los ojos del mundo. Hay que creer en lo que se hace.

MP:Poesía y libertad son indisolubles. Son como hermanas. La poesía es el mejor espacio de mi libertad. Me siento mejor en ella, y con ella, que con la sociedad. Debo integrar cosas, limpiar, sanar. Si en el mundo no hay libertad, en mi poesía siempre la hay. Decir poesía es decir libertad. Pero es que la libertad tiene un precio muy alto… y tal como van las cosas en el mundo, tal como el agua o el petróleo, cada día se hace más escasa y costosa. En la lucha por la libertad la poesía siempre está en pie de guerra y de paz. Un mundo sin libertad no es mundo. La poesía se nutre de la libertad, y eso debe comunicarse al mundo que se agita entre la violencia, el hambre, el atraso, la opresión y la mentira. Yo vivo por mi poesía, en boca de ella, adentro de ella, aunque a veces me sienta solo en un mundo que no se asusta con sus días contados. Sin libertad no puede haber poesía ni vida, nada.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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