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La riqueza simbólicade la cultura kuna

El conjunto de su obra, que no sigue un patrón definido, es resultado de la intuición y preocupación del artista por un mundo mejor en el que no importan las críticas inconsecuentes de la gente, si no la pasión y la inspiración de un hombre que no olvida su tierra.


Cuando interpretamos la obra de un artista como Kantule, que ha trascendido fronteras, no podemos menos que sentir el orgullo de un país que experimenta en sus artes plásticas un despertar mágico.

Kantule impone un estilo propio en el que la herencia cultural kuna se agiganta acercándonos al espíritu, los ritos y las ceremonias tradicionales de un pueblo cuyas raíces lo sostienen a pesar del llamado al modernismo y las nuevas tendencias de las artes plásticas.

Achu, como muchos lo conocen, nos obliga a la reflexión utilizando los principios básicos del arte kuna como la dualidad, la repetición, la abstracción y la multidimensionalidad. Todo ello lo logra con el uso correcto de la metáfora, que vinculada al lenguaje personal, expresa los temores y miedos propios del mundo actual.

 

La representación que realiza de la realidad se circunscribe a la idea, el concepto y la belleza que representan el mayor aporte de esta obra la que con su propia personalidad impacta por la fuerza de los colores utilizados pero, como prioridad, se constituye en un llamado de atención a la sociedad en general.

Vivimos en un mundo sumergido en el caos, la contaminación ambiental y visual en el que, muchas veces, preferimos voltear el rostro e ignorar esta difícil situación y sus consecuencias. Kantule realiza un aporte trascendental a la cultura panameña con una obra que abierta a múltiples interpretaciones, redefine con sus trazos y colores las tradiciones kunas como una expresión propia de nuestra nacionalidad.

Los colores que destacan como el turquesa, verde y rojo en sus distintas variantes denotan la cercanía simbólica a las molas y a la abstracción del arte kuna. En ese sentido, el color y las formas más puras es la manera como el artista expresa su propio sentido de la libertad. El conjunto de su obra, que no sigue un patrón definido, es resultado de la intuición y preocupación del artista por un mundo mejor en el que no importan las críticas inconsecuentes de la gente, sino la pasión y la inspiración de un hombre que no olvida su tierra.

 

Entre los diferentes temas expuestos en sus cuadros, tenemos el del Nuchu alado, que en su vuelo mítico intenta curar a las personas de su pérdida de identidad, la pobreza con todas sus secuelas, la contaminación del mar derivada del turismo y las limitaciones de las autoridades para evitarlo, la migración de los jóvenes a las ciudades con el consecuente olvido de las tradiciones y enseñanzas, y las pérdidas del conocimiento espiritual.

Es muy interesante cómo se expresa de los Inatulegan (guías y médicos tradicionales), que intentan curar desde la tradicional hamaca al Uelemit (enfermo), el cocodrilo convertido en canoa de espíritus transportando el alma (burba) del infierno o el Galu, lugar sagrado de las almas humanas después de la muerte con el Nega Du, la bóveda curvada que se considera el universo. La destrucción de la capa de ozono y todas sus implicaciones destructivas hacia la humanidad no puede faltar; el cambio climático, la energía verde y las semillas genéticamente modificadas, un caparazón de tortuga vacío, el árbol de sal, su abuelo Nele Kantule y una islita que es el lugar de entierro del propio Kantule.

En toda su obra, la fusión de la pictografía kuna se destaca con símbolos contemporáneos urbanos que tratan los mismos problemas de todos en este mundo tan congestionado por las preocupaciones globales, pero con pocas soluciones realistas y honestas.

 

Achu, como uno de los mejores promotores de nuestra herencia cultural, no limita su esfuerzo artístico a la denuncia social, si no también trabaja en proyectos para que la juventud kuna valore en la recuperación de las tradiciones de su tierra esa riqueza cultural que no puede perderse bajo ninguna circunstancia. Se esfuerza también en la concienciación de esa misma juventud sobre el futuro de la comarca ante los cambios por el calentamiento global que provocarían la desaparición de islas del archipiélago.

Para este hombre con una hamaca al hombro, como él mismo dice, debe ser un privilegio poder encontrar en sus propias raíces y en la distancia, la propia cercanía del hombre a su propia libertad espiritual.

Esta nueva muestra pictórica de Oswaldo De León Kantule “Entre símbolos, signos y señales”, que consta de 28 obras, se ha realizado gracias al apoyo del Museo de Arte Contemporáneo y de Casa Cultural Huellas con Analisa Williams, quien es la representante del artista en nuestro país.

 

Panamá, agosto 2010


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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