A mediados del abril escribimos, en este mismo espacio, un comentario que intitulamos: Dura es la ley, pero es la ley. Muchos interpretaron el mismo como una condena. No estábamos condenando a nadie, sino defendiendo el debido proceso y la consecuente aplicación del Reglamento.
Anotábamos entonces que "razón tienen quienes reclaman que se llegue hasta las últimas consecuencias en la investigación, resolución y sanción - en los casos que así lo ameriten - de quienes hayan transgredido el Reglamento de Carreras en lo referente al abuso de sustancias prohibidas".
Un mes y medio después seguimos pensando lo mismo, puesto nuestro enfoque no era contra nadie, sino a favor de que se respetaran las reglas de juego y que se permitiera "a los entrenadores involucrados presentar su defensa"
Afortunadamente, los miembros de la Comisión Nacional de Carreras actuaron en función del principio fundamental de la presunción de inocencia y le otorgaron todas las garantías a los entrenadores encausados para que expusieran sus motivos y aportaran las pruebas y testimonios que dieran luces a los comisionados, ahora convertidos en jueces, para que tomarán la mejor decisión.
A estas alturas creemos que todo está dicho. Demorar una decisión sobre este asunto, sería sembrar el germen de la especulación que en nada beneficiaría a la maltrecha imagen que tiene el hipismo en nuestro medio.
Amigos, los tenemos todos; compromisos, unos más que otros, pero sobre todo, tenemos deberes con nosotros mismos, con nuestra función en la sociedad y con nuestras conciencias. Quien vote convencido de su acción será aplaudido y reconocido por todos, aunque se equivoque.
Quien vote empujado por fuerzas que trascienden su conciencia, nos hará saber el peso específico de su criterio y, quien se demora en decidir, nos envía el mensaje de que su voto es frágil, quebradizo y débil. A los dos últimos el rol de jueces les quedaría grande, puesto que no juzgan según los hechos, sino que se fundamentan en el ambiente, en el qué dirán.
El expediente sobre el caso es claro. Se cometieron gravísimas omisiones al Reglamento, que incluso rayan en la mala fe. Entonces nos preguntamos ¿cuánta gente no habrá sido castigada injustamente, por la negligencia de alguien que decidió callar, hacerse de la vista gorda, no decir lo que sabía, no hacer lo que el Reglamento le indica, en fin. ¿O Será que un mal justifica otro?.
Aquí no juzgamos, porque no somos jueces. No atacamos individuos, porque estamos por encima de esas nimiedades. Aquí recopilamos, divulgamos y comentamos hechos y la Comisión Nacional de Carreras debe juzgar precisamente eso: hechos.