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La seguridad debe ponerse las pilas pronto


Todavía estábamos con el pecho henchido por la victoria de Fernando Jara, el sábado por la mañana en Dubai, cuando un ruido molestoso, proveniente del círculo de ganadores, comenzó a retumbarnos al oído después de concluida la octava carrera de ese mismo día, en Panamá.
Alguien que salió a vivir la emoción del final cardíaco que protagonizaron Sitting Bull (Ángel Rivas) y Café, Tabaco y Ron (Octavio Reyes), advirtió que había un artefacto eléctrico en las cercanías del lugar donde estaban los dos bandos esperando el dictamen de los jueces de llegada.
El informe de los comisarios resume que Juez de Paddock, Dídimo Benítez, les informó que uno de los funcionarios del área le señaló que "en el suelo del círculo de ganadores se encontró un artefacto eléctrico (batería)".
Explica el informe que en la filmación oficial "se pudo observar que en el momento que se ensilló al ejemplar Sitting Bull, y se iba a impulsar al jinete Ángel Rivas para colocarlo sobre su montura, un objeto se desprende de la cintura del jinete y cae al piso".
Es cierto que hasta el momento no se ha probado nada, pero también es verdad que existen uno o dos jinetes sospechosos, si tomamos como referencia esa octava carrera, y si se quiere hilar delgado, entonces habría otros seis, que se repartieron las siete carreras anteriores.
La verdad irrefutable es que, al igual que la cocaína, dentro del hipódromo hay gente "manipulando baterías".
Esto, además de ser otro rudo golpe a la imagen del espectáculo, pone al desnudo el hecho de que en el hipódromo hay un grave problema de seguridad "interna" y esa materia es competencia exclusiva de la administración. ¿O no?.


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273111
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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