El profesional que respetamos y se respeta es el que demuestra que está en plena posesión de la teoría y la práctica. El conocimiento teórico es el que gobierna, dirige, encauza, orienta, regula y aprovecha al máximo el conocimiento práctico. Pero es incuestionable que cuando el profesional entra en posesión de los dos es cuando tendrá en sus manos las más finas herramientas de su oficio. Leonardo Da Vinci afirmaba: “La teoría es el capitán, y la práctica son los soldados”. Aceptado, maestro.
Les doy un trágico ejemplo de práctica sin teoría:
El ingeniero Ossa era el inspector de calderas en Panamá. Sintiendo el peso de la edad y sabiendo que yo había estudiado calderas, me llamó para que juntos inspeccionáramos un terrible accidente en Cajas de Chepo. La caldera había explotado, el saldo: cuatro muertos.
Al llegar, desmonté la válvula de seguridad y luego comprobé que abría a la presión debida. La explosión no se debió a exceso de presión. Examinando los restos encontré la boya del automático del nivel del tanque de alimentación trabada por causa del fango. El operador, cuando la caldera dio señales de bajo nivel, notó el tanque vacío y alimentó por la línea de desvío (la encontré abierta). Eso causó la explosión. Una caldera a presión normal pero muy caliente recibió agua fría. Los átomos del hierro no soportaron el desequilibrio térmico. ¡Explotó! Costó la vida del operador y otros trabajadores. Al reemplazar al ingeniero Ossa, lo primero que hice fue iniciar cursos teóricos sobre operación de calderas.
Bien, pero, además de teoría profesional, no debemos excluir las humanidades de las carreras universitarias, so pena de graduar robots especializados. Muchas universidades han iniciado campañas a favor de la lectura. La vía más expedita para un mejor entendimiento de la vida es la literatura. La diversidad de lecturas refresca el cerebro y multiplica las ideas. El deleitarse con páginas literarias es la mejor forma de alimentar el espíritu. No sustituyan los espacios literarios por conocimientos orientados exclusivamente a la profesión.
El problema es que nunca podremos enrolar lectores para el barco mágico de la literatura si lo que invitamos a leer no atrapa su interés. ¿Y cuáles son los libros que pueden seducir mentes? Bueno, eso ocuparía otra larga serie de columnas. Mientras tanto, abra usted cualquier libro y comprobará que no sólo no muerde sino que sus dientes de letras sólo son para sonreír.