Los sentidos de Dionisio de Jesús Valdés Rodríguez, mejor conocido como Chucho, han estado muy atentos al desarrollo de la música en su país, Cuba, durante toda la segunda mitad del siglo XX y de la primera década del actual.
Su mente ha bebido de los clásicos mundiales y cubanos. Sus ojos desde muy temprano siguieron el jugueteo de los dedos de su padre, Bebo, en el piano y el cabaré. Su oído se afinó con esos ritmos tanto de la música afrocubana como el de las espectaculares orquestas locales y las que venían de los grandes centros. Sus largos dedos conocieron desde temprano los códigos del teclado y sus labios y pies llevaron el compás rítmico.
Chucho tuvo formación de maestro, pero ésta fue opacada por la visión paterna que lo orilló hacia la actividad musical de las grandes orquestas. Hoy, a pesar de la grandeza del músico que es, aflora su perfil docente cada vez que se enfrenta al público o dirige al grupo de músicos que le acompañan en un concierto o en un "jam session".
Este espigado músico, hijo del talentoso y mítico Bebo, estuvo en la ciudad capital con motivo del VI Festival de Jazz de Panamá. Participó en actos oficiales, hizo presentaciones, dio talleres y culminó, en la clausura de las jornadas en el Parque de la Independencia, frente a la Catedral, con un gran concierto al aire libre.
Pero independientemente de su extraordinaria calidad musical, conocimiento sobre todo del devenir rítmico de la última mitad del siglo XX, en la que él ha sido un ejecutante, creador, teórico y revolucionario, una de las cualidades que resalta en su persona es la forma de explicar, exponer sus ideas y percepción sobre la música y cultura tanto de Cuba como del Caribe y otros confines.
Durante un taller que brindó en las instalaciones de la Autoridad del Canal de Panamá, donde con su cuarteto explicó y brindó ejemplos de su trabajo anterior y actual, pudimos conversar con él sobre algunos aspectos de su obra y experiencias.
Valdés no ha tenido un modelo referencial, sino muchos que van desde los clásicos mundiales y pasa por los maestros que le han servido de inspiración ??"su padre, entre otros - como Lecuona, Bauzá y los grandes compositores como Portillo de la Luz, Méndez y los mayores cultores norteamericanos del jazz de la dimensión de Gillespie, Tjader, Monk, entre otros, cuyo trabajo domina a la perfección.
El desarrollo musical en grupos le ha dado una dimensión a su trabajo que no comienza ni termina con los Irakere, célebre grupo que incursionó en las modalidades del jazz latino y otros géneros nacientes en los años 70, tanto en Cuba como en el resto del Caribe y los entornos influidos por el aliento latino en ciudades como Nueva York, Chicago y también en Canadá.
La experiencia panameña es impresionante, reconoció, sobre todo por su enfoque docente y el trabajo con niños y adolescentes para estimular en ellos una sensibilidad hacia estas manifestaciones musicales; además de que la ciudad de Panamá se convierte en anfitriona del trabajo y expresión de un conjunto de artistas que, cada año y en forma creciente, se acercan a conocer de esta experiencia.
Una charla con Chucho también es una ocasión de conocer sus más íntimos recuerdos, vivencias y forma de apreciar su obra y las perspectivas de este genio tranquilo, pero que encierra un inquieto mundo que adquiere formas curiosas en las melodías que brotan de su mente y se materializan en la ejecución de sus manos.
Chucho Valdés (CV): "Fue muy emotivo porque precisamente Bebo, mi papá, y yo cumplimos años el mismo día. En esta fecha le celebraron a él los 90, que cumplía, y el mío; se hizo en Madrid, la gente de la fundación allá y la firma discográfica de Bebo BMG. Al mismo tiempo se sacó un disco que hicimos él y yo juntos a dos pianos, que se llama Juntos para siempre, que es el primero que hacemos los dos.
Fue increíble porque además, Bebo recibió la noticia de que el disco que hizo con Diego "El Cigala", Lágrimas negras, ya había llegado a la cifra de un millón de ejemplares vendidos. Después hicimos una gira de nueve conciertos de celebración y haciendo música del disco. Fue exitosa. Rompimos récord de entrada en Barcelona, Madrid y en casi todos los lugares. Fue igual que acá, fue mucho más que música; había mucho amor allí.
CV:"Padre e hijo, alumno y maestro o maestro y alumno; es un solo lenguaje. Parecen muchas veces un solo piano -.
CV: "Primero es la disciplina que él me enseñó. Es una de las cosas más importantes que me dijo. "El ser humano en lo que vaya a hacer, tiene necesidad de disciplina, constancia y estudio". Además, todas las enseñanzas que me dio sobre música popular cubana, clásica, la composición y los conciertos musicales me sirven y servirán siempre. Yo se los he pasado a mis hijos.-
CV: "Hubo complicidad, sugerencia de algo que él quería hacer, que ya por el hilo ese se puede decir telepático o de llevarnos tan bien, conocernos tan bien los estilos; él me dijo que iba a hacer algo y yo lo miré, me sonreí porque sabía lo que él quería. Eso fue exactamente.-
CV: "En ningún momento. La ruptura musical es que él vivía en un lugar y yo en otro. No hubo ruptura de ningún tipo. En términos de la influencia, él me dijo "tú has empezado a través de mí, pero tienes que buscar a Chucho Valdés, tu propia personalidad y la vas a encontrar. Y eso fue lo que hice a partir del momento: irme buscando, irme encontrando y creo que sí, me encontré.-
CV: "Existió siempre en Cuba. Incluso grandes cubanos como Mario Bauzá y Chico O?Farrill, Chano Pozo y Armando Peraza brillaron en Estados Unidos. Fue mucho lo que Cuba le aportó al jazz; el ritmo, claro, y elementos de percusión como las congas o los tambores. Hubo, a partir de la mutua fertilización, un color diferente que, en el jazz, llegó a un punto altísimo con el trabajo de Chano Pozo junto a Dizzy Gillespie.
En los años 60, vino una generación nueva a la que yo pertenezco, en la que hicimos trabajos con orquestas cubanas de música moderna, con mis cuartetos, con los Irakere, que retomamos aquellos elementos de ellos y pienso que los renovamos y seguimos adelante. Y lo mismo volvió a suceder con Irakere. No soy yo, sino los demás quienes lo dicen: después de Irakere nada fue igual en Cuba, en el grupo tocaban otros músicos como Paquito D?Rivera y Arturo Sandoval; allí se transformó la manera de hacer música y cambió, también, las modalidades interpretativas de las orquestas de baile.
CV: -Hay un período "post Irakere", en el que han surgido nuevas bandas y dentro de ellas mi hija, que es una excelente pianista que se graduó en un conservatorio en Italia de piano clásico; pero, sin embargo, es una ejecutante de jazz latino; mi hijo Jessie, que es profesor de Batería en el mismo colegio donde fue alumno, hoy tiene su propia banda, y entonces yo me miré en el espejo y me pregunté si ya había terminado mi etapa creativa con los Irakere, me tomé el reto y he hecho una banda con el mismo formato de aquellos. Le cambié el nombre y estoy haciendo un trabajo que, según la crítica europea, no tiene nada que ver con lo anterior y es más contemporáneo.
No diré que es mejor o peor, sino que es diferente y es lo que yo quería saber: si podía llegar a hacer algo no repetitivo con relación a lo que había hecho antes.-
CV: "Hay bastante conocimiento. En cuanto a los esquemas, lo que se presta, ayuda y sirve para desarrollar el trabajo musical, eso se usa y lo que no, se desecha. Hay que recordar que siempre la música de mi país se ha basado en una formación caracterizada por su eclecticismo, por su rigor técnico y, al mismo tiempo, por la apertura hacia diversos géneros y estéticas.-
MAT: En el disco Cancionero cubanose siente como un regreso o una devolución de globalidad a la música tradicional cubana. ¿Qué objetivos musicales tenía usted en mente cuando planificó este trabajo?
CV: "Cancionero cubano es un disco que yo grabé para autocomplacerme. Tocar los boleros que más me gustaban de esa etapa, de esos compositores que son amigos míos. Entonces, hice Portillo de la Luz, hice José Antonio Méndez, Adolfo Guzmán; cositas mías también. Hice un disco como para la gente que gusta de este tipo de canción, que tuvieran ese elemento, a piano solo.-
CV: "Es lo que mi padre y yo hicimos juntos en la casa desde que yo era un niño. Tocamos a dos pianos y compartimos. Eso nunca se había llevado a un disco y la idea fue de Fernando Trueba, su grupo de trabajo y nosotros la apoyamos, y creo que ese disco tiene para nosotros un valor que va más allá de lo propiamente musical.-
MAT: ¿La música de Chucho Valdés de hoy es una expresión de un artista más tranquilo, pausado o supone una mayor profundidad en su manifestación creativa?
CV: "Yo diría que más tranquilo, más pausado y más loco. Hay una maduración. El músico nunca puede parar. Hay una evolución. En los últimos cinco años he buscado cosas diferentes. Estoy muy interesado en la polirritmia. También en la exploración de la dinámica, en explotar el valor del silencio, en los contrastes.
En la música cubana, los compases son simples, regulares. Yo estoy trabajando con compases en 9 o en 7 tiempos. Estoy haciendo algo que es una especie de "free" jazz, pero cubano. Y, aunque parezca lo contrario, con muchísimo orden.