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La transparencia de Gloria Young

Su poesía, se convierte en ese refugio transparente en el que podemos resistir la tormenta y palparla a partes iguales. Gloria Young (Panamá, 1953) es una de las grandes voces del femenino profundo.


Iba viajando en el Metro hacia el Café Gijón hace unos lunes cuando una señora a mi lado preguntó por lo que leía ¿de quién es? Le enseñé entonces el libro de Gloria Young, una poeta panameña. “Nada que ocultar” qué buen título, me lo voy a leer, me aseguró.

La poesía salta del libro al corazón del lector, se unta como brea al Arca que se dispone a lidiar con el Diluvio de la cotidianidad que arrastra hasta al hastío, y se convierte en el único refugio bajo el plomizo cielo que estalla sobre él. “Nada que ocultar” (Ediciones Doce Calles, 2013), su poesía, se convierte en ese refugio transparente en el que podemos resistir la tormenta y palparla a partes iguales. Gloria Young (Panamá, 1953) es una de las grandes voces del femenino profundo de las letras panameñas.

Este poemario no deja descansar al lector. Arranca con una sacudida, con un temblor que tiene su epicentro en el magma del alma. Empieza con “Vendaval” y termina con “Horizonte en pleno”. Las imágenes de una inundación, de un sigilo preciosista que tan bien domina la autora, nos arrastran por el río Chiriquí Viejo, que en su crecida se lleva hasta los sueños por delante. Y la poesía, balsa, arca, nos protege pero, a un tiempo nos sumerge, nos lleva flotar junto al árbol desnudo, avergonzado, arrastrado por las aguas, en esa “furia sublime”. Luego, una calma, otro río, mar amniótico, nos acerca a la luz del sol que es tragada por el horizonte.

Entonces, arribamos a “Puerto de amor”, en la segunda parte de “Nada que ocultar”. Puertos que son abrazos, de amos. Lugares que representan el amor de hombre, los espacios y cadencias a son de mar. Ama y es amada la mujer, siente y es sentida: “Aquí, ningún tronco arrastrado por la marea está podrido / todos sirven para hacer el amor…”. Fascina este fluir de la relación entre el hombre y la mujer en la que ambos desean y son deseados, donde saltan por los aires estereotipos castrantes, donde solo la piel basta para que el deseo se encienda: “en tu ombligo, orificio perfecto, escondite de amor”. Aunque conoce otros “mitológicos mágicos sorprendentes”.

En “Días sin ti”, asistimos a la ausencia, a la búsqueda. El puerto, la sal y el mar, vuelven para ocupar otras figuras y evocarnos la muda en el corazón de la mujer. El paisaje narra y canta, se hace asible: “Yo siempre alcanzo el mar / por la persiana de mis ojos…”. Aquí se encuentran los poemas y versos que me han marcado: “y me visto de fiesta / sin importarme cuántas veces/naufraguen mis poemas…”, versos para llevar prendidos a la solapa como una declaración de intenciones.

El dolor borrado por el agua, “-una lanza directa a la memoria-”, nos lleva a “No lo quiero”, un poema cumbre junto a “Vendaval” para mí: “Tú no eres la rosa/pero sangras mi piel / igual / con tus espinas”. Cierra “Todas las mujeres”, donde un verso entusiasma mi memoria: “Cuanto duele / abuela / ser feliz”, y uno mira por la ventana para susurrarle a abuelita Chela, “es verdad, pero vale la pena”.

Tres “tiempos” cierran el libro, “Llama de los abrojos”. Tres episodios de la vida de una mujer que es engañada, tres tiempos que dibujan el esplendor y la caída de un amor, las mentiras, los deseos y la poesía que “no duerme ni se derrota”, necesaria para la mujer para sentirse viva.

Pero aparte de su belleza poética, el objeto libro es de una factura estética digna de mención. Las ilustradoras Perla Bajder, Silvia Costa y Soledad Velasco ponen en imágenes lo que la poesía de la panameña Gloria Young les evoca. Vuelan los colores y las formas para transmitir poesía.

Un lujo de libro, un texto rotundo y conmovedor, esta transparencia de Gloria Young, “Nada que ocultar”, agita el alma y eriza la piel. Versos de una mujer profunda, cuyas raíces beben del mar, la sal y el azul.


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934049
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América