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La ultra imaginación del dinero


Antes de entrar al comedor, nos detuvimos en el amplio corredor. La brisa del mar nos llegaba con más sal que nunca. No recuerdo qué parte de la conversación anterior, iniciada en el carro, dio pie para que Jorge Ricardo me hiciese la pregunta: ¿Estarías dispuesto a cambiar tu ebulliciente imaginación por mucho dinero? ¿De cuánto dinero estás hablando?, le pregunté a mi vez. De mucho, mucho dinero, afirmó. Pareció sentirse muy satisfecho con la pregunta, pues una sonrisa entre retadora y burlona se asomó a sus labios. Pero él no es de esos individuos que ocultan en palabras o sonrisas, oscuras intenciones, por lo que de una vez volvió a recuperar en el rostro su serena alegría. Creo que estaba seguro de cuál sería mi contestación.

Yo soy como él, nunca tengo intención de herir a nadie, pero no resisto darle toda la libertad a mi pensamiento. Y esto de darle libertad va ligado al concolón de mi verdad. Le dije que prefería un millón de veces la opción de mucho dinero, pasando del millón, claro está.

Una nubecilla de tristeza nubló su cara: ¿Seguro?

 

Seguro, le dije. De pronto sentí que necesitaba, tanto para él como para mí, una explicación: Lo que pasa, Jorge Ricardo, confesé, es que he vivido toda mi vida con esta imaginación que me achacas y, por otro lado, nunca he conocido la posesión de mucho, mucho dinero. Si me ofrecen tal cambalache, escojo el mucho, mucho dinero, para saber cómo es eso. La curiosidad me mata. Es triste vivir de lo que se desprecia –continué–. No entiendo el desprecio al dinero. El dinero ha requete demostrado su valor y su fuerza, se impone a la metáfora de los “revolucionarios” y sobre la fantasía de los nacimientos “nobles”. Además, querido primo, ¿por qué demonios iba yo a ser diferente si soy terrícola. «¡Búscame uno», decía El Cholo Ávila. Búscame uno bueno, uno que no le interese el dinero en absoluto, uno, inmune a su atractivo poder.

Cuando abrí la puerta para entrar al comedor, me acerqué y le murmuré al oído: Además, querido primo, es sabor nuevo para probar. Mira, yo camino sacando la lengua y dando la bienvenida a los sabores de la vida. Porque como dice Marx, y me refiero a mi Marx favorito, Groucho: “Seguro que hay cosas más importantes y deliciosas que el dinero, pero, ay, son tan caras”.


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798090
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América