El gran valor de la vida está definido por un hecho cierto: que se acaba. Esa certeza hace que el ser racional aprecie su lapso entre el nacimiento y la despedida definitiva y procure colocar allí momentos trascendentales, menos perecederos que la existencia física. Algunos lo logran.
Reflexionaba así después de leer la excelente semblanza hecha por el apreciado amigo y connotado hombre de letras, Joaquín González, sobre la vida y obras de don Ramón Guerra, quien vivió 94 años plenos de realizaciones y ejemplos.
En sectores alejados de la metrópoli, donde el ciudadano no puede aspirar a que el Gobierno Central escuche y resuelva sus mínimos problemas comunales, se genera un espontáneo sentido de orgullo bueno, que lleva a sus pobladores no a cerrar calles por cualquier calle desaliñada, sino a esmerarse hasta encontrar soluciones por sí mismos, o al menos a empeñarse en que sus demandas sean canalizadas por vías idóneas, eficaces. Allí, la radio es factor aglutinante de tales esfuerzos, y quienes ejercen la radiodifusión son líderes indiscutibles.
En Chiriquí, un puñado de voces radiales fueron y son referentes insustituibles de la opinión pública y del proceso de la información; el bardo Santiago Anguizola Delgado, en la década de los 60 y 70, y don Ramón Guerra desde 1950 hasta su deceso, destacan en ese número, como hoy siguen haciéndolo radiocomentaristas de la talla de Monchi Cano y don Juan B. Gómez, con una vida dedicada al oficio, lo que les ha granjeado aprecio y respeto general.
Panamá cuenta con miles de hombres y mujeres de similar perfil: productivos, honestos, capaces, eternos vencedores de retos, con los pies en el presente y la mirada en el porvenir, siempre constructores. En tan selecto número, son muchos los que alcanzan cada meta propuesta, pero a otros la vida se les va siendo aún esplendente: Anel Omar Rodríguez, el director del INAC, murió así, en una vorágine de sinrazones que deja en el aire una premonición nefasta, que a la vez que nos amedrenta debe avergonzarnos como sociedad, por haber retrocedido hasta donde estamos llegando.
Que sobre la lápida de tan preclaros ciudadanos cobre fuerza aquel "Gracias a la vida" que rememora Joaquín; erijamos héroes de verdad, que los hay, y digamos basta a quienes abanican las miserias de cuanto malhechor quiera abrir la boca. Hagámoslo pronto.
Distínguete como panameño; lee a los autores nacionales.