No hay un hombre en toda la historia de la humanidad, país por país, más solo y solitario, como el futbolista que va a cobrar un penal. La misma fe del pateador para lograr aquella parábola que se convierta en gol, es idéntica a la que tiene el guardameta por detener el grito estentóreo y el balón. Lo que viene a ser justo para el uno no lo será para el otro…
Se junta el ego personal, el orgullo nacional, la maledicencia de presente, los estigmas del futuro… el sueño, los entrenamientos, las prácticas de tiro a puerta, la temperatura, el cansancio, la mirada abrasiva del contrario, la mirada esperanzada de los compañeros de equipo, la foto de primera plana que saldrá al día siguiente para más escarnio si falla o para la gloria eterna, si esa esfera de cuero que, todos miran durante el segundo que dura la acción, sacude las redes…
Todo se vuelve una hojalda de emociones, o su equivalente en fritura del país, de donde es oriundo el pateador. El ojo en la bola, la mirada en la meta, en el portero, que también agoniza solo, la pierna que despedirá en una fracción de segundo, a una velocidad 270 Newtons más o menos, para lograr el anhelado gol. Gol que hará saltar de emoción a la multitud en las gradas, confundida en una sola masa de gritos unánimes.
En el fútbol coexisten la agonía y el éxtasis; el dolor y el alivio; la física y la química, las matemáticas, geometrías tácticas y algebra estratégica, “inteligencia” y tecnologías, drama y comedia. Es un juego pero no se está jugando. Hay tiempo, dinero, esfuerzo, sacrificio, intereses invertidos. Descontado queda la esperanza de llegar al Mundial, pasar a los octavos y a la final… Qué te puedo decir…
Es de los deportes de equipo que exige mucha concentración, fortaleza física, resistencia, fuerza de voluntad, un gran umbral de dolor y amor propio. Un jugador, cada uno de ellos, es el país entero, lo lleva entre el pecho y la espalda. Si cae, caerá el país…
Firme frente, al punto penal, un hombre es devorado por el desamparo, la orfandad, su corazón se detiene, el oxígeno deja de girar en sus pulmones, aprieta las entrañas… lo único que de verdad tiene vida es la pelota.
Si usted nunca ha estado en el punto penal no sabe lo que es la vida.