Bryant fue el mejor anotador de los Lakers al encestar 30 puntos, mientras que el pívot Shaquille O’Neal colaboró de manera importante en el triunfo de los Lakers, y anotó 14 de sus 26 puntos en el tercer periodo.
Por los Kings, el alero Chris Webber fue el mejor anotador con 28 puntos con 14 rebotes y seis asistencias.
El triunfo permite a los Lakers colocarse con ventaja en la serie por el título de la Oeste, que continuará el lunes con el segundo partido, que se llevará nuevamente a cabo en el Arco Arena de los Kings. La falta de calidad en la competición de la federación Este quedó demostrada durante toda la temporada regular y la misma tónica se mantuvo en la fase final con los Nets de New Jersey y los Celtics de Boston como equipos que lucharán por el título y el derecho de acceder en las Finales.
Ambos equipos hicieron historia por distintos motivos, los Nets llegaron por primera vez a la fase final y los Celtics, el equipo con más títulos de liga en la NBA (16), volvieron después de 14 años de ausencia y de recordar con nostalgia el nombre de Larry Bird, su última gran estrella.
Distintos factores permitieron que tanto los Nets como los Celtics, equipos que no estaban entre los favoritos, consiguiesen el sueño de verse en las finales de federación, pero su baloncesto no aportada nada interesante con la excepción de algunas individualidades por ambos lados.
Los Nets, que le dieron la oportunidad a Byron Scott para que dirigiese por primera vez a un equipo de la NBA, finalizaron la temporada regular con una marca histórica de 51 triunfos, algo que no habían conseguido nunca en los 21 años de competición.
La clave en los triunfos de los Nets fue la presencia del base Jason Kidd, el jugador que no pudo triunfar en los Mavericks de Dallas y los Suns de Phoenix, pero que con el traspaso final encontró en New Jersey el ambiente que necesitaba y el espacio suficiente para ser un líder ganador.
En el cuarto asalto, el Sport Arena de Los Angeles se convirtió en un silencio sepulcral. Roberto Durán había despachado con sólidos ganchos y combinaciones a Cuevas, dejando mudos a más de 18 mil compatriotas que habían ido a respaldar al azteca.
Arum determinó que el vencedor se había hecho merecedor de una pelea por el cetro mundial del peso junior mediano (154 libras), teniendo como contrario a Davey Moore (Q.E.P.D.).
El combate se pactó para el 16 de junio, coincidiendo con el cumpleaños del “Cholo” y se efectuaría en Joanesburgo, Sudáfrica. En la función estaba programado para defender su título ligero el monarca italiano Henry “Bum Bum” Mancini.
Spada con Durán y su equipo; así como el campeón “Bum Bum” se trasladaron a Buenos Aires donde volaría directo a Joanesburgo para el día de la pelea. En la capital argentina el fallecido promotor Tito Lecture puso a disposición de Durán las instalaciones del legendario Luna Park.
Cuando tenía casi un mes entrenando, Mancini se lesionó una mano lo que hizo a Arum cambiar el escenario de la pelea de Joanesburgo al colosal Madison Square Garden de Nueva York.
Durán siguió preparándose en la cercana Nueva Jersey hasta el día de la pelea. Y el momento esperado llegó.
Según Spada, el equipo de Moore se confió pues en el momento del pesaje Durán registró sin problemas 152 libras, mientras que el campeón pesó 156, teniendo que tomar dos horas para hacer el peso.
En el momento de la verdad Durán se reivindicó ante la afición. Transcurrieron ocho asaltos para que sentara a su oponente en la lona del Madison haciendo delirar a los panameños que le acompañaban y a los que en su tierra natal observaban el combate en la pantalla de sus televisores. “El Manos de Piedra” se ceñía nuevamente una refulgente corona mundial. Y aún había más.
Luego el 10 de noviembre de 1983 vendría la pelea con Marvin Hagler que muchos entendidos consideran la mejor pelea que Roberto Durán ha realizado. Fue una batalla épica que se extendió a los 15 asaltos.
“Si la pelea se hubiese hecho ahora que son a 12 asaltos, Durán habría ganado al [Marvelous] ya que en el episodio 13 el panameño ganaba por un punto”, rememoró Spada.
Posteriormente al espectacular encuentro que sostuvo con Hagler, el 6 de junio de 1984 ante Thomas Hearn, Durán tendría una de las más caras afrentas de su carrera boxística al caer fulminado por el más espectacular nocaut que ha recibido.
Luis Sapda atribuyó esta humillante derrota a la poca preparación que tuvo “Manos de Piedra”: “Como a él le ha gustado mucho la música estuvo de gira por varios días con la orquesta de su hermano Pototo. Querían que me quedara con ellos, pero de República Dominicana, en donde estábamos, yo me vine a Panamá”.
A pesar que muchas voces clamaban a grito que se retirara “El Cholo” todavía le faltaba otro golorioso capítulo que escribir en las páginas del boxeo.
Esa oportunidad le llegó el 24 de febrero de 1989, año que meses después quedaría grabado para siempre en la memoria colectiva panameña por los tristes sucesos del 20 de diciembre con la invasión estadounidense a Panamá.
En la citada fecha Durán se enfrentó al rey del peso mediano (160 libras) del CMB Iran Barkley. La pelea que se fue al conteo de las tarjetas favoreció al boxeador istmeño, ganando un cuarto título mundial, convirtiéndose de paso en el primer latino en ganar cuatro diademas en diferentes categorías.
Y así, entre luces y sombras el soberbio gladiador del ring panameño seguiría su trayectoria realizando muchas peleas, hasta cumplir casi los cincuenta años de vida.
Por allá en 1971, un amigo abogado le invitó a cenar y le adelantó que le presentaría a dos amigos de Panamá. A la postre esos amigos resultarían se Carlos Eleta y el abogado Jorge Rubén Rosas.
Eleta venía disgustado de Europa pues consideraba que le habían robado la pelea a su pupilo Antonio “Buchí” Amaya, un fenomenal peleador que por cosas del destino no llegó a ser campeón mundial. Eleta le comentó a Spada que se sentía frustrado pues no había logrado convertir a ninguno de su boxeadores en campeón.
Spada viajó con Eleta y Rosas a Panamá. De Panamá Spada se trasladó a Argentina donde conversó con Tito Lecture, que manejaba al campeón Jr. Welter, Nicolino Loche. Se concertó la pelea con el prospecto de Eleta, Alfonso “Pepermint” Frazer.
Eleta vio convertido su sueño en realidad el 10 de marzo de 1972, al ganar el panameño por decisión. A partir de esa fecha la década del 70 sería de una buena racha donde Panamá obtendría su mayor cosecha de monarcas universales.
Luego del triunfo, Eleta invitó a Spada a quedarse en Panamá y éste así lo hizo fungiendo como su concertador y asesor. Spada acompañó a varios países a los boxeadores de Eleta.
Pero en 1976 Spada siguió por su propio lado ya que tenía sus propios boxeadores a los que debía atender y varios de los cuales se convertirían en campeones mundiales.
El primero de ellos fue Rigoberto Riasco, quien el 3 de abril de 1976 se convirtió en el primer boxeador del mundo en ganar el título de la nueva categoría creada por el CMB, la supergallo (122 libras), venciendo al africano nacionalizado japonés Waringe Nakayama. Como concertador, manejador y apoderado, Luis Spada tiene el honor de haber conducido a 30 púgiles al trono mundial, entre ellos al más grande de todos: Roberto Durán, Hilario Zapata con el récord de más peleas de título realizadas (24 en total), Víctor Córdoba, Carlos “Púas” Murillo; así como a los nicaragüenses Edye Gazzo y Rosendo “El Búfalo” Alvarez.
El experimentado concertador prefirió no hablar de algunos temas como la fortuna de Durán. Con énfasis nos recalcó:
“Durán una vez me calló la boca cuando le reproché que gastaba mucho en lujos, hoteles, bebida y comida con los manzanillos; él me dijo que esos eran sus amigos”.
Dice el señor Luis Spada que aprendió que hay cosas en las que como apoderado una persona no puede meterse: “Uno no puede obligarles a cómo cuidar su dinero. Ellos cumplen con dar su porcentaje al apoderado y al entrenador. Son los que entrenan duro, reciben y dan los golpes ¿Qué más se les puede pedir?” concluyó.