La ciudad griega de Larisa se despertó ayer con un sabor amargo, a 24 horas de la súbita muerte del futbolista internacional mexicano Antonio De Nigris de un paro cardiaco en la noche del lunes.
La gente formaba ayer una fila continua a las puertas del estadio "Alcázar" para depositar una flor, escribir unas palabras de adiós y encender una vela en la capilla ardiente improvisada para despedirse "del muchacho con la sonrisa y sin igual".
Sula, una señora vestida de negro, hacía guardia junto a la puerta del estadio, donde de forma improvisada la afición colocó una foto del futbolista fallecido a los 31 años, que había llegado el pasado agosto a esta ciudad.