Deportes

Las comparaciones odiosas que a veces nos abren los ojos

En estos días, mientras buscaba algunos documentos que me sirvieran para darles peso a unos textos que estoy preparando, me tropecé con una publicación de ...


En estos días, mientras buscaba algunos documentos que me sirvieran para darles peso a unos textos que estoy preparando, me tropecé con una publicación de 1986, la cual daba cuenta de cómo marchaban las estadísticas de jinetes, entrenadores y propietarios en el Hipódromo Presidente Remón al 31 de agosto de ese ya lejano año.

Estamos hablando de casi 30 años atrás. En el citado documento pude advertir que, tras ocho meses exactos de campaña, Alcibíades Cortez lideraba a los jinetes con 164 ganadores y $652,400 en sumas ganadas. Le seguían Cornelio Velásquez y Modesto Linares, ambos rebasaban el centenar de triunfos y estaban por encima de los 400 mil en ganancias.

En el segmento de los entrenadores, Alberto Paz Rodríguez mandaba con 114 éxitos y los ejemplares por él ensillados habían acumulado, hasta ese punto del año, $412,963. Eric Gittens y Andrés Farrugia venían detrás con $306 mil y $293 mil, respectivamente.

 

Una mirada a la estadística de los dueños de caballos, también hablaba bien de la bonanza de la época: Antonio Alessandría con $198,559, el Stud San Antonio (de Juan Francisco De La Guardia) con $174,356 y el Stud Buena Fe (de "El Mago" Farrugia) con $143,046.

Aunque estos números son tan fríos como todos, calentaron nuestros pensamientos y nos pusieron a meditar sobre el estado de la hípica de hoy con respecto a hace tres décadas.

Estamos claros en que las comparaciones para muchos suelen ser odiosas, pero muchas veces son la única herramienta, o por lo menos la más tangible, para tener conciencia sobre nuestra realidad.

 

En el periodo en cuestión, la población caballar era superior, tanto de nacionales como importados. Lógico, porque había más planteles de crianza y haras; el calendario de clásicos y las carreras ordinarias respondían a una dinámica administrativa ambiciosa y a un grupo de dueños de caballos más amplio, en su mayoría pudiente, además de que el conglomerado de aficionados y apostadores era enorme.

La hípica marchaba porque tenía una competencia menos agresiva que la de ahora y porque estaba en el "top of mind" de la mayoría de la población.

Ahora, muchos años después, el país ha avanzado, se ha vuelto más rico y la hípica no ha podido seguirle el paso a ese progreso. Deportes y actividades de distracción que no le llegaban cerca al espectáculo de las carreras, han escalado con ritmo acelerado, mientras el hipismo "mantiene el mismo paso de carrera".

 

Las cifras con las que nos topamos, si las comparamos con las de hoy, evidencian de que algo no se está haciendo bien o, lo que quizá es peor, se sigue haciendo lo mismo de hace 30 años.

Curiosamente, las apuestas apenas están superando los niveles de aquellos tiempos, cuando solo había actividad hípica tres días a la semana, a diferencia de estos tiempos en los que hay carreras desde que uno abre los ojos hasta que caigan las últimas horas del día.

Incluso, todavía la hípica tiene que valerse del Estado como muleta para mantenerse en pie.

 

Hace una semana, el Hipódromo Presidente Remón cumplió 59 años de inauguración. Esta efemérides se celebró de la misma manera que se ha hecho siempre: a puertas cerradas, en silencio, sin que los de afuera se dieran por enterados.

Al observar eso, volvemos a pensar sobre por qué da la sensación de que estamos detenidos en el tiempo y llegamos a una conclusión inevitable: No podemos esperar grandes cambios si seguimos haciendo lo mismo.


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984541
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América