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Las esferas de la amistad

... era necesario el tino, la precisión, fuerza, velocidad y otras destrezas para impulsar “el punto” y quiñar al contrario...


Para Kafda

La tecnología ha entregado a las nuevas generaciones un universo reducido a pantallas y controles. No en balde se le denomina thumb generation a los nativos de internet. Inimaginable este presente asfixiando de tecnología para quienes, hoy por hoy, estén instalados en el medio siglo.

Aquellos tiempos de juegos de solar e intemperie. Uno en especial viene a mi memoria: Las canicas. Las canicas son el universo congelado. Esas esferas que, se quedaron flotando en los sueños, son una especie de encantamiento de la infancia. En su interior nos quedamos a vivir un poco, y salimos por cuestiones de edad o de mudanzas… Planetoides de cristal se quedaron vagando por remotos parajes, donde hasta el más aventajado, por las tragedias del tiempo o por la ponzoña de la tristeza se detiene a mojar su lágrima. Allí nos quedamos a vivir los que un día vivimos la infancia con sus fiebres y temores con sus raspones y heridas con carencias y duelos y con las rejeras cantadas de la vieja. Pero siempre un tiempo feliz y el lugar donde volver cuando nos acosa el fauno del laberinto. Lo que el jacks a las niñas, las canicas a los varones.

En el solar era necesario el tino, la precisión, fuerza, velocidad y otras destrezas para impulsar “el punto” y quiñar al contrario, ganarle la partida y sentirnos vencedor y dueños de la euforia y del botín sagrado: un montón de canicas.

La jerga del juego también eran un espectáculo lingüístico: arrechín, chet y todo, arredomito, picotalto… Yutcero, era aquel que disponía a hacer su tiro pero adelantándose al objetivo. Si no se sabía, se aprendía a contar. La geometría del juego: ring, ese triángulo mágico que contenía el tesoro más espectacular que se pueda imaginar pirata alguno; el hueco, ese círculo perfecto que servía de receptáculo al que lograba alcanzarlo desde la línea recta denominada la raya; el ñuflú, 360 grados trazados contra una pared, era la madre de las jugadas. Si cae par ganas y si no era, la debacle… La canica más importante, especie de amuleto o superhéroe, era el “punto”… Si alguien conseguía un estil, era el terror del juego. Cuando el punto se rompía era llanto y dolor. En casa podías tener botellas llenas de canicas, pero ninguna sería igual a esa bola de cristal donde viven los amigos de la infancia.


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973066
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América