Por el contrario, en el mundial se consagraron jugadores de países de menos peso en el concierto del fútbol, como el senegalés El Hadji Diouf, el turco Hasan Sas y el estadounidense Landon Donovan.
Mientras ese trío se encargaba de conducir a sus respectivos equipos a alturas insospechadas en el torneo, los demás se marcharon a casa temprano y con las maletas cargadas de decepción.
En buena medida, la culpa obedeció a las lesiones, a su vez azuzadas por el apretado calendario de las ligas europeas, donde mayormante militan.
El caso más palpable fue el del francés Zidane, que una semana antes de la inauguración del torneo se desgarró un muslo de su pierna izquierda, en un amistoso contra Corea del Sur.
Con Zidane descartado para los dos primeros partidos, Francia fue un espejismo del equipo que vino acompañada por una impresionante estela de favorita.
Zidane reapareció en el último duelo de los franceses ante Dinamarca, pero poco pudo hacer y los Les Bleus’’ quedaron eliminados en la primera ronda, el primer campeón eliminado en esa instancia desde 1966.
Zidane no fue el único francés que se quedó corto de las expectativas. Thierry Henry y David Trezeguet, dos cotizados delanteros, tuvieron la pólvora mojada y los franceses se fueron del mundial sin haber anotado un solo gol.
Argentina, la otra gran favorita, no se quedó atrás, teniendo a Batitusta y Juan Sebastián Verón como las rostros de su fracaso. Batigol’’ logró convertir de cabeza en la victoria 1-0 sobre Nigeria al debutar, pero no hizo más. Verón, el conductor en el mediocampo, fue borrado de la cancha en la derrota por el idéntico marcador ante Inglaterra, y que empezó a visar el boleto de partida de los argentinos, eliminados también en la primera ronda.
Los italianos Totti y Christian Vieri llegaron perfilándose como una letal combinación ofensiva que sin embargo, no impidió que una Italia siempre conservadora dijese adiós en los octavos de final ante una inspirada Corea del Sur.
Si bien Vieri metió cuatro goles, se perdió varios más, entre ellos uno ante los coreanos a boca de jarro, mientras que Totti nunca encontró la brújula.
La llamada generación dorada’’ de Portugal, con Figo, Rui Costa y Fernando Couto reprobó estrepitosamente, sufriendo derrotas ante Estados Unidos y Corea, viendo desaparecer sus aspiraciones de convalidar sus logros a nivel juvenil.
Y que decir de la Camerún de Patrick Mboma y la Nigeria de Nwankwo Kanú, dos equipos africanos que tampoco estuvieron a la altura de los señalamientos de grandes cosas para el fútbol africano, que al menos tuvo en Senegal a un representante de primera.
En la final no aportó tanto con sus características subidas al ataque por el lateral izquierdo y tampoco causó peligro con alguno de sus típicos remates al arco rival. Estuvo algo contenido por las preocupaciones en defensa, en lo cual cumplió y por lo cual siempre había sido criticado en el pasado. Muchos esperaban ansiosos su regreso al equipo después de haber cumplido un partido de suspensión por la expulsión que sufrió en los cuartos de final contra Inglaterra, cuando fue el artífice de la importante victoria brasileña en esa instancia. Contra Turquía, Brasil extrañó su habilidad, y en la final ante los alemanes, bien marcado, aportó su categoría sólo por momentos. A pesar de su irregular actuación en la final, el jugador del PSG de Francia fue desequilibrante a lo largo de todo el torneo. Algo perdido entre el centro del campo y el ataque, deambuló por tres cuartos de cancha en gran parte de la final, casi sin tocar la pelota, pero su gran categoría apareció en los momentos más importantes, en las jugadas de los dos goles brasileños. En la primera, el astro del Barcelona sacó un fuerte remate que provocó el rebote que regaló el arquero Oliver Khan y en la segunda hizo un amague espectacular, sin tocar el balón, para llevarse la marca del zaguero Thomas Linke y así dejar solo a Ronaldo para el remate.