Los nadadores, en especial el estadounidense Ryan Lochte, dejaron claro en el 2010 que pueden batir récords del mundo con bañadores textiles tras la prohibición por parte de la Federación Internacional de Natación (FINA) de las prendas fabricadas con derivados del plástico.
Si bien hasta diciembre no cayeron los primeros récords del mundo en el 2010 y estos se produjeron en piscina corta, de 25 metros.