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Las molas cruzan Le Pont des Arts

La molas volaron del Caribe al Mediterráneo. La meta final era Valencia. Cuando todavía España permanece arropada por su maravillosa primavera, la temperatura


Ernesto Endara (Escritor (necoendara@gmail.com)) / PANAMA AMERICA

La molas volaron del Caribe al Mediterráneo. La meta final era Valencia. Cuando todavía España permanece arropada por su maravillosa primavera, la temperatura en Le Pont des Arts –sitio donde aterrizaron las molas en su largo peregrinaje desde las tibias islas de San Blas–, fluctúa entre los quince y los veinte grados centígrados. Temperatura que sólo es posible –y soñada por el resto de los panameños– en Bambito, y eso en diciembre y enero.

¿Qué son las molas? Bordados en talco en capas de telas superpuestas. Es la vía que encontraron las mujeres kunas para atrapar en sus vestidos los colores del mundo. ¿Para qué sirven? Para lo mismo que sirve la Monalisa: para dar placer a la vista, para sentir los dedos de la belleza haciéndote coquillas en el estómago (al menos para mí es el efecto que me producen las obras de arte cuando me gustan, ya sea un cuadro, una escultura, una pieza musical, un poema, una mujer).

Arte, artesanía, como quieras llamarla, pero siempre es búsqueda y encuentro de las mujeres kunas con la belleza (¿por qué no me sale decir gunas?). Ellas son las discípulas de la diosa Kabaya que les dijo: «Les enseñaré a combinar los tejidos como no lo ha hecho nadie sobre la tierra». Y así fue. Es un arte que se genera en el corazón de Nabguana, el femenino espíritu de la tierra y les sirve para atrapar desde las estrellas en el firmamento hasta los caracoles del fondo del mar.

(Cambio en YouTube la Sinfonía de Salmos de Stravinsky por los conciertos 1 y 4 de Mozart, porque se parecen más a las molas. ¿En qué? No tengo la menor intención de romperme la cabeza para explicar estas fantásticas similitudes). Sigo.

Nuestras molas, como dije, se lucen en un sitio exquisito: Le Pont des Arts. Nuestro cónsul en Valencia Rolando Reyna le presentó una mola a Madame Corinne Bally, la dueña de Le Pont, quien de inmediato quedó hechizada por la prenda. En uno de sus viajes relámpagos, Rolando colectó más molas y las llevó a Valencia.

Ahora están ahí, en ese mágico almacén, peces, dioses, tigres, atardeceres, cangrejos y duendes, asombrando desde las paredes a los visitantes del por sí maravilloso Le Pont des Arts.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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