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Las muchas letras

El apóstol Pablo recibió de boca del procurador romano Festo, mientras se defendía ante el Rey Agripa, el insulto por excelencia que se le puede ...

Las muchas letras
Las muchas letras

El apóstol Pablo recibió de boca del procurador romano Festo, mientras se defendía ante el Rey Agripa, el insulto por excelencia que se le puede hacer a un lector: "Estás loco, Pablo; las muchas letras te vuelven loco". El relato completo lo tienen en el libro de Los Hechos, capítulo 26. Pablo, reconocido lector, pide a Timoteo que le lleve "los libros" (2 Timoteo 4:13), esos que seguro leyó y le volvieron loco según el descreído funcionario imperial.

Otro célebre lector, en un lugar de La Mancha, se volvió loco de tanta lectura, y su vida es el mayor legado que tenemos los escribientes y hablantes en español. Su triste figura cabalga aun por los pagos de nuestra memoria lectora. Si aún no lo hace, junto al eterno Sancho, es hora de que se sienten a leerlo.

Una mujer, Emma, lectora de novelitas románticas, termina por vivir una vida insatisfecha y gris que la arrastra por caminos que no tienen buen fin, como ya saben, y no les puedo revelar aquí.

 

Otra vez las muchas letras, esa orgía perpetua de papel y tinta que se llama libro y que celebraremos dentro de poco. Feria, orgía o fiesta del Libro. No olviden la cita.

Las muchas letras que se cultivan en nuestro país tienen ahora el reto de la difusión. La Feria del Libro va a ser un excelente escaparate donde poner en manos del lector obras que sacudan sus sentidos, que abofeteen su criterio para que lo usen. Niños y jóvenes buscando libros, siendo contagiados por esa enorme pasión por saber que confesaba Ortega y Gasset que le consumía. El futuro regado con letras, con muchas, para dejar atrás la necedad y el olvido.

Al desocupado lector hay que advertirte que los libros se compran para leer, que la mucha tenencia de libros no garantiza, si no se leen, conocimiento alguno. Guillermo Cabrera Infante, que tenía una biblioteca inmensa, respondía, a la pregunta de si se había leído todos los libros que tenía, guasón e ingenioso, que sí, pero solo una vez. Hay que leer, hay que llenar la casa de ventanas que son los libros. Pero si no se abren, la casa no se ventila, no se ilumina, y todo es hedor y oscuridad.

 

Ante un gobierno (en minúscula) sin ideas culturales; ante un estado (ídem) que premia con dólares populistas a unos despreciando el triunfo de otros; ante una conciencia nacional adormecida por una falsa prosperidad, las muchas letras, los libros y sus autores deben ser una voz firme contra una situación preocupante. La lectura no es solo un refugio, debe ser también camino y conciencia.

El primer compromiso del escritor es contar buenas historias pero hemos de ir más allá, provocando al lector con nuestras búsquedas, con nuestras preguntas. El mero entretenimiento no hace más que alienarnos. Leer y escribir son verbos a conjugar en presente continuo, porque los entusiastas de la ignorancia acechan en silencio desde las instituciones con caramelitos de distracción cultureta sin abordar las grandes cuestiones.

Pero disfrutemos de la fiesta del libro, leamos a los guatemaltecos y mandemos nuestras historias con ellos. Ese intercambio nos hace fuertes. Vincularnos por las letras produce cercanías que nos ayudan a entendernos mejor y a ampliar la concordia y la hermandad. Siempre he dicho que mis grandes amigos me los ha dado la literatura y me ha hecho el mapamundi más chico, como un microrrelato.

 

La "loca de la casa", como llama Teresa de Jesús a la imaginación, vence, ama, redime o condena a todos y a uno mismo en las páginas de un libro. Leer es por eso, un ejercicio de autocrítica vía ficción. Por eso haremos bien en leer y dar de leer, en buscar en la Feria ventanas que den a la memoria y al criterio, para que la loca, con las muchas letras, ilumine nuestra casa tomada.


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987316
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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