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Las opciones de los inmigrantes

Los crticos del Estatus de Protección Temporal aseguran que, a pesar de su nombre, la medida no es temporal y una vez lo otorgan, los beneficiados reciben extensiones indefinidamente. Esta semana, el TPS para salvadoreños fue extendido por 18 meses; en mayo fue extendido para los hondureños y nicarag'fcenses.


uién dijo que los millones de extranjeros que trabajan ilegalmente en este país no tienen opciones para normalizar su situación? Pueden, por ejemplo, esperar a que la reforma migratoria integral sea resucitada en algún momento después de la posesión de un nuevo presidente en 2009. O también que algún huracán, terremoto o conflicto cambie su suerte – para bien.
La razón es un procedimiento de normalización existente bajo la ley de inmigración llamado Estatus de Protección Temporal (o TPS, según siglas en inglés). Bajo el TPS, el gobierno federal puede otorgar un permiso de trabajo temporal a extranjeros en este país – incluso si están acá ilegalmente – cuando sus países de origen son golpeados por conflictos o desastres naturales.
Desde la creación del programa en 1990, ciudadanos de 16 países han recibido el estatus de protección temporal. Los salvadoreños han representado el grupo más grande de beneficiados --más de 230.000 –, seleccionados después de que dos terremotos en el 2001 mataron a 1100 personas y causaron más de $3, 000 millones en daños. Le siguen los hondureños (78, 000) y nicaragüenses (4000) quienes obtuvieron dicha protección después de que el Huracán Mitch devastó a sus países en 1998. Otros inmigrantes beneficiados por TPS incluyen algunos provenientes de Liberia, Somalia, Sudán y Burundi.
Pero el TPS no se aplica en todos y cada uno de los casos. Algunos de los desastres naturales más letales en años recientes, incluidos el tsunami en el Océano Índigo en 2004 que mató a más de 200.000 personas en 12 países, el terremoto en Pakistán que mató a 80.000 en 2005 y tormentas tropicales y huracanes que mataron o desplazaron a otros miles en Haití y Guatemala, no llevaron a que se le otorgara el estatus a inmigrantes de esos países.
En cada caso, la administración Bush rechazó solicitudes -- de los países afectados o de miembros del Congreso estadounidense -- para que lo aplicara. Pero en ningún caso se otorgó. De hecho, no ha habida ninguna nueva designación bajo el TPS por más de seis años.
Según me dijo el Embajador de Guatemala Guillermo Castillo esta semana, la razón es simple: "el ímpetu político en este país ya no existe" para el TPS. Castillo dijo que funcionarios de la administración le dijeron el año pasado que la solicitud de Guatemala fue negada debido a que podría afectar adversamente la reforma migratoria que se debatía todavía por entonces. Hoy es claro que no solo la reforma integral, sino incluso una medida humanitaria de inmigración para un número relativamente pequeño de personas, está siendo víctima de las fuerzas anti inmigración ilegal.
Los críticos del Estatus de Protección Temporal aseguran que, a pesar de su nombre, la medida no es temporal y una vez lo otorgan, los beneficiados reciben extensiones indefinidamente. Esta semana, el TPS para salvadoreños fue extendido por 18 meses; en mayo fue extendido para los hondureños y nicaragüenses.
En una carta enviada al Secretario de Seguridad Nacional Michael Chertoff el mes pasado, el Representante Tom Tancredo de Colorado, candidato republicano a la presidencia, se refirió al TPS como a "una herramienta para proveer amnistía en un plan por entregas temporales". Tancredo está preocupado de que 3.500 liberianos puedan recibir otra extensión antes de finalizar el mes entrante cuando su TPS debiera expirar. Si Tancredo se sale con la suya, los liberianos, que recibieron el TPS inicialmente en 1991 y cuyo país apenas ahora se recupera de 14 años de guerra civil, verán su estatus pasar de legal a ilegal de la noche a la mañana. Tancredo le exige a Chertoff que "permanezca firme".
Los críticos del TPS tienen razón en un punto. Un lapso de 16 años -como en el caso de los liberianos- no es exactamente temporal. Más aún, un sistema que mantiene a las personas adivinando sobre su situación legal por tanto tiempo, es cruel. Aquellos bajo el TPS también están en un limbo legal que no les da la opción de convertirse en residentes permanentes sin importar cómo y por cuanto tiempo hayan contribuido a su país anfitrión.
De todos modos, esa es la única oportunidad que tienen miles de inmigrantes para convertirse en trabajadores legales y están profundamente agradecidos por ello. Ahora podrían incluso estar convirtiéndose en los últimos afortunados, simplemente debido a que sus países fueron golpeados por desastres en el momento político correcto.
El sistema de inmigración de Estados Unidos no es solamente disfuncional sino absurdo. Así que cuando las mentes racionales de esta ciudad, de las que deben quedar todavía algunas, empiecen a pensar acerca de la necesidad de arreglar este desorden, deberían darse cuenta como mínimo de que hay una clase de trabajadores -trabajadores que han sido legales por años, que han pasado varios escrutinios de seguridad, que han pagado impuestos y que han aportado tanto a sus países de origen y anfitrión- que debiera, por una buena vez, recibir la bienvenida definitiva a este país.


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Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
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