Las pandillas y sus líderes se están corriendo, pero no es que hayan renunciado a la loca carrera que se da en medio de balas, sangre y muerte. Lo que sucede es que se están desplazando a sectores casi vírgenes, en los que siembran el terror, fundan nuevas “sucursales” y edifican santuarios que proporcionan seguridad a sus líderes, mientras expanden su poderío. Las últimas cifras conocidas gritan por sí solas: existen 435 pandillas regadas en todo el país.
La movilidad de las pandillas se da hacia sectores como Arraiján, La Chorrera y parte del interior del país, lo cual parece ser consecuencia de la acción policial en el área metropolitana donde regularmente se agitan y que -en el extremo contrario-, explica el porqué del incremento de los crímenes violentos más allá del puente.

El sociólogo y criminólogo Tirso Castillo, del Instituto de Criminología de la Universidad de Panamá, quien realizó el “Estudio crimino-sociológico de los homicidios por encargo en Panamá” junto a Marcela Márquez, sostiene que mientras haya corrupción y desigualdad, la criminalidad irá en aumento, pero hace claras diferencias entre pandilleros, miembros de bandas y el crimen organizado, su modo operandis y sus perfiles.
Castillo habla del tema con solvencia, apoyado en su experiencia y en el texto citado, mientras sostiene una bala calibre 38 entre sus dedos a la cual hace referencia repetidamente y sentencia que: “Es lamentable que los jóvenes en vez de tener un libro en la mano o un título prefieran tener una bala”.

¿Cuántas pandillas operan en el país?
En nuestro país estamos hablando de unas 435 pandillas. Cada una domina y opera en un territorio. La mayor parte de las pandillas operan en la capital y dominan territorios en áreas como El Chorrillo, Calidonia, San Joaquín y Curundú. Estas pandillas son utilizadas por el crimen organizado que necesita controlarlas para actividades como el trasiego y tumbe de drogas, lo cual conlleva a conflictos con otras pandillas y bandas criminales, trayendo consigo las muertes.

¿Ha habido un incremento?
Sí, hay 435 pandillas en todo el país. Hay que reconocer que la policía ha hecho una buena labor, con herramientas como el “pele police” y la presencia en las calles, lo cual ha motivado que los pandilleros se desplacen a otras áreas. Inclusive ya estamos viendo pandillas en el interior, que son sucursales de las pandillas que operan en el área metropolitana, en Panamá y en Colón, porque necesitan operar en otro lado debido al cerco policial que se les ha montado en su área de control; ya los están desplazando. Hay que destacar que los jefes pandilleros ya no viven en el área metropolitana, ellos se están desplazando a sitios como Arraiján, La Chorrera y el interior por cuestión de seguridad de ellos mismos. Estas pandillas, que son sucursales, están buscando estos nuevos territorios en donde tienen una gran cantidad de futuros miembros.
¿Quiénes serían esos futuros miembros?
Jóvenes adolescentes que desertan de las escuelas. Uno puede verificarlo con las estadísticas que demuestran que el alto nivel de deserción escolar está relacionado con el aumento de las pandillas. Estos muchachos que desertan no van a buscar un trabajo formal, sino que se sienten decepcionados con una educación que no les da esperanza y entonces buscan una vía rápida para sobresalir y tener mejores ingresos, lo cual los lleva al ámbito de las pandillas en las que piensan que pueden prosperar. En eso influyen mucho los medios de comunicación que, con su doble discurso, van llevando a los jóvenes a pensar que ser sicarios o delincuentes los va a llevar a la plata y a ser famosos. Por eso muchos jóvenes ven que el futuro no es tener un diploma en la mano, sino que el futuro es tener una pistola en la mano.
¿Se puede revertir esta situación?
Es lamentable que los jóvenes en vez de tener un libro en la mano o un título, prefieran tener una bala, porque esto (muestra la bala) les da cierta notoriedad o prestigio. Esto se ve en otros países, como México y Brasil, en los que miles de jóvenes de los sectores marginados ven cómo el crimen los atrae a participar, lo cual da lugar a que la mayor parte de las víctimas sean jóvenes que muchas veces no llegan a cumplir los 25 años.
Sobre las ejecuciones, ¿quiénes realizan estos encargos?
Son delincuentes contratados por grandes jefes pandilleros que utilizan a estos delincuentes que se especializan en las ejecuciones para liquidar a otros pandilleros que son un obstáculo o enemigos dentro de este ámbito.
¿En que se especializa un sicario?
Se especializa en ejecutar y el precio depende del perfil de la víctima. Es decir, si el perfil es alto una bala equivale a un precio; a la vida de una persona. Y va de acuerdo a la actividad criminal que realiza y si son delincuentes extranjeros, obviamente, el precio es mucho más alto.
¿Cuál es el perfil de estos sujetos?
Son pandilleros que han tenido una vida desde la niñez ligada a la pandilla, no conocen otra actividad que arriesgar sus vidas, saben que su vida está expuesta. Algunos no llegan a cumplir los 30 años. Saben que su vida pende de un hilo, porque así como ellos ejecutan a una persona, ellos pueden ser ejecutados.
¿En Panamá estamos en la etapa de que sicarios estén eliminando sicarios?
Hay sicarios que ejecutan a pandilleros que han salido de las cárceles, sí. Y lo hacen porque tienen una deuda, ya sea porque fueron delatores o traidores por el hecho de que pertenecen a una pandilla rival, ese hecho les cuesta la vida a ellos o a alguno de sus familiares cercanos. Incluyendo hermanos, padres o madres.
¿Cómo se distingue un trabajo profesional de una que no lo sea?
Hay que recalcar que la ejecución es un mensaje. Generalmente un tiro de gracia en la cabeza, es un mensaje, en todas partes del mundo y representa la calidad del trabajo realizado por el homicida. Indica que es un profesional. Son personas que se especializan, trabajan clandestinamente y, lo más importante, es que trabajan solos. Pueden tener un cómplice que les ayude para facilitar el escape.
¿En los últimos días se han dado caso de ejecuciones públicas, con presencia de testigos?
Esos son pandilleros; no son profesionales. Un sicario profesional busca un momento propicio. Estos casos que se dan a la luz son cometidos por pandilleros que son encargados por sus pandillas para ejecutar y lograr reconocimiento y aceptación.
¿Debemos entender que en el caso de Panamá lo que más predomina son las acciones de pandilleros?
Hay más casos de pandillas. El sicario es más específico, e insisto en decir, que trabaja en la clandestinidad, que es contratado por el crimen organizado mediante un intermediario que le da las instrucciones, el pago por adelanto y los detalles de la víctima. A él no le interesa quién es, ni la nacionalidad, a él le interesa el pago y la información sobre la víctima. No todos los pandilleros son sicarios.
¿Existe la percepción de que la mayoría de las ejecuciones tienen que ver con el narcotráfico?
No necesariamente. Obviamente, que el narcotráfico está presente, pero básicamente las ejecuciones se dan por la rivalidad entre las pandillas que son grupos de jóvenes, la mayor parte adolescentes y hombres que no llegan a los 30 años y que dominan un territorio y son utilizadas por las bandas criminales que están conformadas por tres o cinco personas que son desconocidas, porque tienen un perfil que no los hace parecerse en nada a los criminales. Parecen hombres de negocios, profesionales, a diferencia de los pandilleros que son estigmatizados porque provienen de barrios bajos, de sectores suburbanos, mientras que las bandas vienen de la clase media, incluso de las clases altas; delincuentes de cuello blanco.
A ellos les conviene que la sociedad piense de esa manera, ya que ellos se consideran empresarios, pero utilizan a las pandillas. Este ciclo se cierra cuando tanto las pandillas como las bandas criminales son un instrumento de un poder global que es otro que el crimen organizado.
¿Se puede atribuir este cambio en las acciones de los criminales al incremento de inmigrantes?
Se han hecho estudios sobre eso en el pasado, pero más bien han sido enfocados al hecho de que los inmigrantes llegan a Panamá huyendo de los conflictos sociales de sus países. Pero no se ha determinado que vengan con el afán de traer la criminalidad a Panamá. Obviamente, no podemos negar que algunos inmigrantes pueden ser delincuentes en sus países, pero sería un error estigmatizarlos o etiquetarlos. Como investigadores no podemos caer en ese error.
¿Cómo nos vemos con respecto a otros países?
A pesar de que la criminalidad ha aumentado, Panamá no ha llegado a niveles catastróficos como El Salvador, México o Guatemala. En Centroamérica están las maras que tampoco tienen presencia en Panamá. Aquí podrá haber pandilleros que imitan a las maras en la manera de tatuarse, pero no son maras.
¿Alguna solución a la vista?
La aplicación por parte del Estado de una política criminológica para aplicar las estrategias y combatir la criminalidad, pero no desde un aspecto represivo, sino de una óptica de prevención. En ayudar en que las cárceles no sean universidades del crimen.
¿Y qué de los derechos de las víctimas?
Ellos también tienen derechos. Porque al perder a un ser querido, la sociedad, el Estado, queda con una deuda con ellos y no deben ser una víctima más. Requieren de ayuda y de un trato justo por la pérdida de un familiar, pero tampoco podemos caer en el odio al delincuente, porque es un desviado de la sociedad, una víctima de las circunstancias, porque mientras haya marginación social, injusticia social, y no haya oportunidad, van a caer en la delincuencia.