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Las venerables canas de la Iglesia

“No juzguéis y no seréis juzgados” San Lucas 6.37


El domingo pasado, entre rutina y bostezo, celebramos el nacimiento de Galileo Galilei en 1564. Nada más y nada menos el hombre que mejoró el telescopio con el que intuyó la primera ley del movimiento de los astros. Se le llama "el padre de la astronomía moderna".Defendió y apuntaló la teoría heliocéntrica con lo que se buscó un rollo enorme con la Iglesia Católica que no aceptaba otra idea que no fuese la Tierra como centro inconmovible del Universo. ¡Vaya humildad terrícola!

Galileo patinó con su teoría de que las mareas eran producto de la rotación de la Tierra, pero acertó en cuanto al movimiento de los planetas. El cardenal Roberto Belarmino, el mismo que hizo quemar a Giordano Bruno, ordena que la Inquisición realice una investigación discreta sobre Galileo. Enfrentar a la Santa Inquisición no era cosa de risa, así que nuestro Galileo escogió vivir un poco más y se retractó, sin añadir el eppur si muove que le achacan.

Días atrás leí en un periódico que el arzobispo Gianfranco Ravasi decía: «Los tiempos están maduros para la rehabilitación de Galileo». Me digo: no son los tiempos los que maduran sino los hombres. En este caso madura una institución: la Iglesia. Y no debería hablar de rehabilitación sino de desagravio.

 

El amor y el perdón, bases de la  religión cristiana, son admirables. Aferrarse a eso sería aprovechar las canas de veinte siglos y conquistar a un mundo cuyos habitantes se vuelven inconoclastas al sufrir las incongruencias de los fundamentalistas. Cuando otras religiones monoteístas se desbarrancan por la violencia del fanatismo, la católica podría darles una lección de sabiduría y modestia.

¿Hasta cuándo las religiones tendrán líderes que creen nunca equivocarse? ¿Cómo es posible que el representante de la iglesia fundada por el más humilde de los hombres asuma la arrogante prerrogativa de la infalibilidad? Antes de juzgar a musulmanes, a judíos y a protestantes, debería echar primero una ojeada a San Lucas 6.42: "… quita primero la viga de tu ojo, y entonces verás de quitar la paja que hay en el de tu hermano." Detén con unas palmaditas a Ravasi cuando se excede: «Ni dios miente ni el Papa se equivoca». Permitid que la reflexión y la razón acampen por los predios del Vaticano. Están a tiempo para no volver a cometer errores de antaño que no sólo "inmovilizaron la Tierra" sino, en muchos casos, acabaron con vidas valiosas, irrecuperables.


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335143
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América